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Luego de pasar del decir al hacer, cuando les demostró que el mayor de todos es el último y el servidor de los demás, en un acto de humildad cuando les lavó los pies a cada uno de sus amigos, comenzaron a cenar, tal y como lo hacían todos cada año, según su fe y su cultura, siempre en la misma fecha celebrativa, la mayor de todas, la más grande y solemne, consistente en el memorial del momento en que Dios les había liberado de la esclavitud extranjera con mano firme y brazo fuerte. 

Durante la cena tuvo que darles a conocer la noticia amarga de que uno de ellos le engañaría. -El que come conmigo- les dijo. Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: -¿Acaso soy yo?-. Entonces les confirmó la traición: -Uno de los Doce, a quien acostumbro convidarle de mi plato, compartirle de mi comida, el que moja su pan en mi plato me traicionará, porque piensa que su plan para la salvación del Pueblo es mejor que el mío-.El aviso del traidor en el grupo ensombreció la celebración, tanto más porque se trataba, con certeza, de uno de sus amigos más queridos si no es que el más; pero el Hijo del Carpintero les tenía reservada una noticia fuera de serie, algo que superaría a la Pascua que estaban celebrando, y así, mientras comían tomó pan, lo bendijo, lo partió, se los dio y dijo: -Tomen, este es mi cuerpo-. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, les dio a beber a todos de ella. Y les dijo: -Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos-. Con ello convirtió el recuerdo del paso de Dios por el mundo en un nuevo memorial de su nuevo paso, la Pascua renovada. El Creador se había hecho hombre para pasar junto a su creatura; ahora debía pasar de regreso al Padre y tenía que concretarse lo pendiente, terminar la tarea para llevarla hasta su culminación.           

Cuando terminaron de cenar salieron hacia el monte de los Olivos y por el camino les dijo que todos le abandonarían, ya que estaba escrito “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” y estableció un cita con ellos: -Pero después de mi resurrección, iré delante de ustedes a Galilea-. Pedro, seguro de su fuerza, le dijo que aunque todos le abandonaran él jamás sería capaz de hacerlo, pero Jesús, conocedor de su debilidad, le respondió: -Yo te aseguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú ya me habrás negado tres-. Pero Pedro insistía en que aunque fuese preciso morir, él no le abandonaría jamás; y lo mismo le decían también todos.Al fin del breve trayecto llegaron a Getsemaní, un terreno plagado de frondosos árboles cargados de olivos, y les dijo que le aguardaran mientras él se entregaba a hacer oración. Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Les dijo: -Mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí y velen conmigo-. Y lleno de mil sentimientos y emociones, abatido en su interior se dejaba caer sobre la tierra mientras suplicaba a Dios que de ser posible pasara de él aquella hora. Le llamaba con inmenso cariño y con cercana intimidad: -¡Papacito, mi muy querido Papá!, todo es posible para ti, aparta de mí esta copa, pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.- Su pavor era porque lo que iba a suceder después, colgando él de una cruz, no tuviese significado para nadie; su angustia crecía sólo de pensar que algunos, muchos o pocos, se perderían a pesar del sacrificio de su entrega por ellos mismos. Tenía miedo de que su Pasión y Muerte sólo se tradujera en un espectáculo del que algunos sólo fuesen espectadores y no más.Luego se levantó, decidido a hacer lo que tenía que hacer, pues su sacrificio se traduciría en vida para los muchos o pocos que se sumaran a él, y aproximándose a sus amigos, que le aguardaban, les dijo: -Miren que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vámonos! Miren, el que me va a entregar está cerca-.Todos pensaron en ese momento que se refería al traidor, a su mejor amigo, pero Judas no tenía la mínima dignidad de ser quien lo entregara. Eso sólo le correspondía a Dios, al autor de todo, a quien entregó al Hijo en manos de los pecadores para salvar al pecador. De eso nos enteraríamos después.