“Y se lavó las manos”. Por Roberto O’Farrill Corona (El Pulso de la Fe)

  El flagelum azotaba la piel, dejaba laceraciones dolorosas y cicatrices permanentes pero el condenado seguía viviendo luego del castigo; en cambio el flagrum descarnaba y provocaba la muerte del condenado en un feroz traumatismo consecuencia de deshidratación, cuantiosa pérdida de sangre y múltiples...