Adhiriéndose a la fe de Cristo, la persona puede cambiar su estilo de vida (su comportamiento). Una vez dispuesta la persona, Jesús la pone frente a la dura realidad, a tomar su cruz y a perder la propia vida.

El seguir a Dios Hijo, es una categoría teológica, que describe el estilo de aquellos que quieran ser sus discípulos. Este seguimiento condensado en el Sermón de la Montaña, se funda en dos puntos importantes:

1.    Sobre los misterios de la vida de Jesús (pasión, muerte y resurrección).

2.    En la Liturgia (viviendo a Jesús en el culto).

 Ética, seguimiento radical. La ética nacida de una adhesión a la fe, es radicalmente exigente y rigurosa.Las palabras del Nazareno no son consejos piadosos, ya que revisten un carácter normativo, que no deben leerse –claro está- según una óptica rígidamente legalista, sino profética-escatológica.La ética que presenta el Nuevo Testamento, reclama un cambio de conciencia y de corazón, extendiéndose a la globalidad del actuar humano.

 

El seguir a Cristo suscita la exigencia de una “nueva justicia”, que trasciende la lógica del derecho para abrirse a la lógica del amor.Para entender el enunciado anterior se requiere explicar que la vida moral del creyente, nace y madura en el encuentro y la comunión con el Hijo de Dios. Hablando de la persona de Jesús, es necesario recordar que inició el futuro del Padre Celestial, muriendo para salvar a los hombres del mundo. La persona humana para continuar con su proceso de salvación, requiere recordar las actitudes necesarias que den razón de la esperanza escatológica (Cristo):·         Pureza de corazón

·         Hambre y sed de justicia

·         Empeño por la paz

·         Pobreza de espíritu.  Estas actitudes se originan de entender que la caridad es la medida del actuar moral. Una actitud que no debe entenderse como la multiplicación de preceptos que caracterizó al pueblo Israel, en los que provocaba divergencias personales y observaciones únicamente materialistas. Lo anterior a pesar de que el devoto israelita, recibía al amanecer y al caer la tarde al único Dios. El paralítico perdonado, signo del amor divino.

El amor cristiano no es un vago sentimiento filantrópico (amor al género humano), es la manifestación y signo del amor divino. Considerando al Amor a Dios como una relación recíproca con el amor al prójimo. La manifestación del amor se presenta en su plenitud al comprender el amor del Padre al dar a su Hijo, en el amor del Hijo al compartir nuestra condición humana y el amor del Espíritu Santo que vive en el interior del corazón humano.  Al comprender lo anterior nos obliga poner atención con quien sufre, aliviar las heridas de quien las padece y brindar hospitalidad a quien se encuentra abandonado, incluyendo amigos y enemigos.  Aplicación

Cuando se busca la efectiva consistencia salvífica, el verdadero amor es la elección fundamental. Ya que el Dios de la revelación cristiana quiere nuestro amor gratuito sin reservas y capaz de fidelidad sin límites. Recordemos que en la vida al poner la caridad en práctica, la justicia como la verdad, el respeto a la vida, el ejercicio correcto de la sexualidad, entre otros, son senderos obligatorios para practicar el verdadero amor.  La Buena Nueva sintetizada en (San Marcos 1,15) y entender el amor, nos hace expandir por los espacios de la misericordia y el perdón, la infinita riqueza del misterio de Dios Padre.