El 14 de marzo se cumplieron 125 años de la muerte de Karl Marx (1818-1883) precursor del comunismo, cuyo pensamiento revolucionario analizó la situación social de la época de la revolución industrial y la explotación de la clase trabajadora. La frase más célebre y, por muchos conocida, “la religión es el opio del pueblo” es el paradigma para establecer a las iglesias como parte de la superestructura enajenante, dependiente de las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
El ateísmo es la crítica a la religión para proponer como ideales la dialéctica histórica materialista, la lucha de clases y el comunismo como fase última de la historia.
En nuestro mundo secularizado el ateísmo ha adquirido muchas caras. En México, los estires y aflojes de la derecha y la izquierda (quien dice ser guardián de ese liberalismo decimonónico mexicano) han puesto al “laicismo” las discusiones legislativas para reformar la constitución y establecer en su texto el carácter laico del Estado mexicano. Sería equivocado encasillar el término “laico” bajo la esfera del ateísmo; sin embargo, las percepciones falsas de algunos representantes populares han querido ubicar la naturaleza del Estado mexicano en este ámbito a-religioso y ateo y situar a la Iglesia católica como una agrupación ávida de poder, la cual debería ocuparse sólo de las cuestiones de fe, sin hacer mayor presencia en la sociedad contemporánea.
¿El pueblo mexicano es ateo? Demostramos mucha religiosidad, especialmente en las épocas donde hay que asistir a los templos para cumplir con tal o cual precepto eclesial. La juventud, particularmente en la edad de la educación media superior, hace una crítica feroz del papel de la Iglesia y de los sacerdotes, afirmando creer en Dios, pero no en la estructura eclesial. Se ha dicho que en México se realiza un “ateísmo práctico”, si bien una persona nominalmente se califica como católico, en la vida ordinaria deja a un lado la doctrina del Evangelio y el magisterio de

En su reflexión publicada el 13 de marzo en el sitio de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el obispo de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, afirma que

Mons. Arizmendi Esquivel menciona que el materialismo propuesto por las corrientes ateas es el que enajena al sujeto “pues las concentra en lo material, y les impide trascender; les encierra en el egoísmo y en las cosas pasajeras y muchas veces banales”. Sin embargo, el capitalismo salvaje impulsado por la globalización, el dominio de la economía sobre el derecho y los diversos aspectos de la vida y la brecha profunda entre ricos y pobres han provocado que las ideas de Marx vuelvan a ser fuente de inspiración y, especialmente, en la crítica hacia el papel de la Iglesia como entidad supranacional y reaccionaria que va contracorriente de los postulados de la secularización, impidiendo el “progreso”.

Ese es el reto de los creyentes en este momento; ya lo dice el obispo Arizmendi, el hombre y la mujer de fe deberían actuar de tal manera que cada día sea de acercamiento a Dios, de conocimiento de Cristo, para lograr la justicia y transformación del mundo necesitado del testimonio cristiano.