Mucho de lo que en el panorama político actual se denomina la “izquierda” toma sus raíces ideológicas de varios de los conceptos del filósofo judío Carlos Marx (cuyo verdadero nombre era Kissel Mordekai). Es por tanto la intención de este artículo, la de analizar algunos de los postulados fundamentales de este personaje.
En su obra “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, está contenida su oposición a la religiosidad de la humanidad, la cual para Marx es una ilusión, una fantasía creada por el hombre con la finalidad de compensar su desdicha, es en este texto en que esta contenida su celebre frase: “la religión es el opio del pueblo”. Como consecuencia de esto para Marx es necesario luchar contra la religión para según él desengañar al hombre y así este se preocupe solo de sus problemas terrenales.
Esta concepción es sin duda, consecuencia de las ideas masónicas de la Ilustración en las que se pretendía que el hombre se bastaba a sí mismo gracias a su propia razón despreciando cada vez más la religión. Sin embargo, el pretender que Dios es una creación de la imaginación del hombre es una falacia, pues al contemplar la grandeza, perfección y orden del universo y de la naturaleza, así como las leyes que rigen desde los movimientos de los planetas hasta el funcionamiento de los organismos unicelulares se puede deducir que solo una inteligencia superior, a la que llamamos Dios, pudo haber dispuesto tal orden y perfección.
Por su parte, la materia no pudo haberse dado a sí misma la vida, el movimiento o la inteligencia, pues nadie puede dar lo que no tiene, por lo que es inadmisible el planteamiento de que por casualidad los átomos se fueron conjuntando para formar seres cada vez más complejos. Admitiendo de esta forma la real existencia de Dios, se puede también inferir la autentica necesidad de una religión a través de la cual el hombre se relacione con su creador cumpliendo sus deberes para con él y conociendo a través de ella el fin último de su ser espiritual.
La humanidad siempre lleva en sí esa búsqueda de lo infinito y eterno lo cual está demostrado porque todos los pueblos han tenido de una u otra forma una religión; por lo cual esta facultad del hombre no debe ser reprimida como lo plantea Marx, pues sería negar una característica innata en el ser humano. Cabe añadir que el mencionar que la religión es algo alienante, es algo a todas luces falso, pues en muchas ocasiones es precisamente el amor a Dios el que impulsa en los corazones un autentico amor a sus semejantes, que lo lleva a luchar por corregir las injusticias y desigualdades de los hombres, al promover como obligación moral la caridad, entendida no como limosna sino como verdadero interés en mejorar las condiciones de cada persona.
Los conceptos marxistas llenos de odio a lo sagrado, provocaron en todos aquellos países que sufrieron la desgracia de experimentar el ascenso al poder de las hordas comunistas, masacres y torturas indecibles a millones de personas que tuvieron la valentía de morir por su fe, podemos citar los ejemplos de Rusia, Polonia, Ucrania, Lituania y otros países del este de Europa. No hay que olvidar desde luego el ejemplo de España, país en donde tras la llegada al poder del Frente Popular en 1936, que motivó el glorioso alzamiento del Generalísimo Franco, se sucedió en la llamada “zona republicana” una serie de atropellos y masacres en contra de sacerdotes, monjas, religiosos y laicos que por el simple hecho de proclamar a Jesucristo como su Señor, dieron el testimonio del martirio.
Por tanto es un deber para todo buen católico y patriota desenmascarar las estrategias de estos asesinos del espíritu que son los marxistas, difundiendo las sólidas bases filosóficas de nuestra Santa Religión y demostrando siempre con nuestro testimonio que la religión no es ningún instrumento de opresión al servicio de los poderosos sino el medio para conseguir la Verdad y