*Andrea, poco a poco hizo de sus padres sus esclavos de sus caprichos, de su inconsistencia; era incapaz de levantar un plato, tenía que brincar sobre su ropa y zapatos, es decir, era la típica adolescente en problemas.
Por: Ignacio Josué Bravo y Cid de León García (Agrupación Jóvenes Contigo)
“Si tú me conociste ayer, hazme el favor de no pensar que hoy estás tratando con la misma persona. Hoy, tengo, mayor experiencia de la vida”, dice en su carta Andrea Solis, originaria de San Pedro Cholula, Puebla.
Esta jovencita de 19 años de edad, tuvo que vivir muchas cosas antes de decidirse a cambiar. Hoy está en proceso de maduración, y al encuentro de su felicidad.
En nuestra sociedad poblana le damos mucha importancia de ser auténtico, para todos es común el escuchar hablar de las máscaras con que ocultamos el rostro de nuestro ser real, o lo de los papeles con que disfrazamos nuestra verdadera personalidad, sobreentendiéndose que en algún lugar dentro de nosotros se oculta el verdadero yo, y que hay momentos en que debe salir tal como es, y en otras, es necesario ocultarlo.
La persona no es un pequeño encerrado en el interior del ser, sino que la persona implica más bien un proceso dinámico de crecimiento que va de menos a más, por eso entendemos lo que nos quiso decir Andrea.
Su historia: no tenía de que quejarse. Una madre amorosa, que siempre la consentía en todo. Un Padre que si bien no veía todos los días por ser agente viajero, procuraba siempre estar atento de preguntar cómo estaba y que necesitaba. De clase social media baja, con sacrificios ha acudido a colegios particulares y está en la etapa universitaria. Pero ella, dice que nunca se sintió feliz, reprochaba a la vida no tener más dinero.
Le molestaba que su madre le pidiera que se levantara temprano, que arreglara su cuarto, que apoyara en los quehaceres del hogar, que la acompañara al centro comercial. Todo para ella era agresión.
Y poco a poco hizo de sus padres sus esclavos de sus caprichos, de sus inconsistencias, era incapaz de levantar un plato, tenía que brincar sobre su ropa y zapatos, Es decir, era la típica adolescente en problemas.
El novio y la amiga traicionaron su confianza
Todo lo que se le daba en prendas u objetos los perdía, o si no lo prestaba o regalaba, o bien los olvidaba en la casa de los amigos y no le importaba recuperarlos. Y esto hacía que sus padres constantemente le tuvieran que comprar desde libros, chamarras, bolsas y hasta instrumentos musicales. Y lo peor de todo es que no se daba cuenta de ello, decía que era perfecta y generosa, que los equivocados eran sus padres.
Hasta que el año pasado se fueron sucediendo una serie de acontecimientos que habrían de abrirle los ojos. En diciembre, se fue junto con las amigas y amigos al departamento de uno de ellos, ingirieron bebidas alcohólicas, y su novio le pidió las llaves prestadas de su auto, que más tarde estrelló, y el colmo, le dio la espalda para no querer reconocer los daños con terceros. Otro hecho, fue que la amiga más íntima, por problemas económicos le robó a su madre las pocas joyas que tenía.
La decisión de los padres fue drástica. No más concesiones. ¡Por fin! Sus progenitores se dieron cuenta del daño que le habían causado con tantos mimos, consentimientos y permisiones, y Andrea por primera vez tuvo que enfrentar sus máscaras con que ocultaba el rostro de su ser real.
En la Agrupación Jóvenes Contigo, estamos ocupados de promover los valores universales, como la honestidad, la verdad, la autoridad, y ayudar a que muchos jóvenes como nosotros encuentren su plenitud humana, y esto, lo sabemos, es un proceso de integración y maduración.
La plenitud humana no se logra con solo ir tachando y brincando obstáculos, se consigue al ir viviendo con intensidad, con metas, con no negar lo que implica el vivir el sí, pues vivir es un proceso donde intervienen dos aspectos que integrados dan la maduración: Vivir con intensidad y superarse.
Las personas no maduran automáticamente, por más que haya una edad llamada “edad madura”, o sea, que no basta con el simple transcurso del tiempo. En las personas la madurez tampoco proviene del crecimiento desmesurado de alguna de las cualidades humanas, sino es un desarrollo armónico, equilibrado y único en cada persona, de todas las características que contribuyen a darle la posibilidad de realizar bien su destino. Madurar es el desarrollo y combinación armónica de todos los elementos esenciales que constituyen a esa persona, encaminándola a que sea capaz de ejercer su libertad y de amar, pero solamente en el amor se realiza plenamente nuestro destino temporal y eterno, pues para eso fuimos creados.
¿Y yo qué gano si me porto bien?
Cuando un joven adolescente pregunta esto, quiere que le demos un motivo para cambiar, para crecer y madurar en un mundo que nos hace creer que la felicidad solo se obtiene con dinero. Erróneamente se piensa que los malos lo tienen todo, y por eso te digo como adolescente que la verdadera felicidad es vivir sanamente, y eso implica el orden, ser congruente, ser auténtico y amarse al menos por el hecho de ser hijos de Dios.
Andrea, para dejar los malos hábitos, tuvo que decidirse a comenzar hacer una intromisión en su interior, analizar el concepto de sí mismo y la aceptación, tomar conciencia de las repercusiones de sus actos, conductas y actitudes, dejar de chantajear y servirse de los demás, y tomar las riendas de vida, encontrar el placer de servir a los demás dándose a ellos.
¿Qué entiendo por plenitud humana? ¿Cuáles son los aspectos que constituyen la madurez? ¿Cuáles actitudes y conductas percibo como inmaduras en los demás y de éstas, cuáles he visto en mi mismo? ¿Qué entiendo por personalidad saludable?. Escribe a Jóvenes Contigo y Cuéntanos que sentimientos se han despertado y movido en ti al leer este artículo.
Reflexiona sobre las siguientes preguntas, seguramente te ayudarán a conocerte mejor ¿Qué pienso de mi persona? ¿Cómo me siento respecto a mi mismo? ¿Qué no me gusta de mi mismo? Qué si me gusta de sí mismo? ¿Qué entiendo por aceptación de mi mismo?
(Todos los derechos reservados. Jóvenes Contigo. Correo electrónico: jovenescontigo@yahoo.com.mx. Teléfono (0122) 8892932. Cel. 0442223336881).