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(Participación en Forum Universal de las Culturas con el tema de la globalización y su impacto en nuestro mundo actual, en la civilización y las religiones).

La realidad de la globalización no es nueva, por más que así lo afirmen los agoreros del “libre comercio”. La globalización es tan remota como la más antigua de las civilizaciones. Cientos de años antes de Cristo ya existía en el mundo el intercambio de toda clase de bienes. Las famosas estatuas de bronce de los faraones egipcios fueron fundidas con el estaño traído de las minas de Inglaterra. Las tumbas alemanas de la pre-historia contenían seda conseguida en China. La porcelana que venía hacia el poniente, era intercambiada por piedras preciosas que viajaban hacia oriente.Esa globalización fue del todo benéfica, pues enriquecía a los pueblos y a las culturas con los bienes de que otros gozaban.

Sin embargo, hoy día no existe una sana globalización sino, más bien, un serio desequilibrio comercial. Hablar de libre comercio es hoy día un auténtico disparate.

Para afirmar esto, me baso en las reflexiones publicadas recientemente por dos expertos, Hugo Salinas Price, presidente de la Asociación Cívica Mexicana Pro Plata1, y por Christian Noyer, gobernador del Banco Central de Francia y consejero del Banco Central Europeo2, quien advierte sobre las graves consecuencias de acumular ilimitadamente reservas de divisas. El así llamado “comercio”, en el mundo actual no es para nada comercio, por el simple hecho de que el “pago”, no es hoy verdadero pago.

En sentido estricto, “comercio” es la entrega de bienes “a cambio” de (o “en pago”) de bienes. Así era el comercio internacional hasta antes del 15 de agosto de 1971. El déficit en las exportaciones de un país se tenía que cubrir con la entrega de oro, ó de dólares redimibles en oro, por el Banco Central del país que obtenía un superávit.Ese era comercio verdadero y pago verdadero, basado en la confianza de que los dólares eran títulos que otorgaban el derecho a exigir la entrega de oro, un bien físico, por los Estados Unidos.

Antes de 1971, ningún país podía soportar la pérdida sostenida de su oro al exterior, y ningún país vendedor de bienes de poco valor podía inundar a otro país con sus mercancías baratas de forma continua. El país exportador tenía que ser también importador de bienes, mismos que recibía en pago de sus bienes exportados.

A partir del 15 agosto 1971, cuando los Estados Unidos rompieron su compromiso, asumido en Bretton Woods, de respaldar sus dólares con oro, ese país ya no se vio obligado a exportar bienes en pago de las mercancías importadas: podían “pagar” y siguen “pagando” hoy día su déficit en exportaciones, con dólares que no son un “bien”, un pagaré redimible por oro, sino simples papeles ó dígitos de computadora que no tienen sustancia. Así, los países exportadores de bienes hacia los Estados Unidos, desde 1971 no han tenido que comprar exportaciones americanas en pago y por ello, sobre todo los que producen barato, como China, han inundado el mercado interno estadounidense, ocasionando el desmantelamiento de la planta productiva.

Este mismo desequilibrio desestabilizador ocurre en el comercio entre Asia y Europa, ya que el Euro no es más que un remedo del dólar.

Si en 1971 los Estados Unidos hubiesen simplemente devaluado el dólar contra el oro, el comercio internacional entre los Estados Unidos y China hubiera sido un comercio muy limitado durante los últimos 36 años. La China era demasiado pobre como para poder ser un gran vendedor de bienes a los Estados Unidos. Ya que su pobreza les impedía absorber exportaciones americanas en pago de sus exportaciones, el envío excesivo de mercancías baratas a Estados Unidos no se habría dado, ya que hubiera provocado una derrama continua de oro americano en dirección de China, algo simplemente intolerable. Las tarifas a las importaciones y la protección de la industria interna estadounidense contra esas importaciones baratas hubieran sido medidas razonables para atender ese problema. Como dice Salinas Price, “¡el formidable dragón chino no habría despertado!”

La globalización actual, el “comercio mundial” actual, no es verdadero comercio, sino una actividad irracional en que los países vendedores de bienes producen y exportan con frenesí a cambio de nada, a cambio de simples papeles ó dígitos de computadora.
Igualmente, los países compradores de esos bienes y que imprimen y producen esos medios ficticios de “pago”, se inundan de bienes cada vez más baratos, pagan nada por los enormes déficit que registran y desmantelan cada vez más su propia industria.

Por todo ello, nos encontramos que hoy día los bancos centrales han llegado a acumular más de $5.7 trillones de dólares, reservas inútiles y gravosas que se están inflando a razón de $1 trillón al año. Esta es la razón fundamental por la que el imperio estadounidense ha comenzado a desmoronarse. No es posible crear unidades monetarias en computadoras, sin costo alguno. Esa irresponsabilidad tarde o temprano cobra la factura, y el resultado es que han destruido su base industrial con el “libre comercio”. Toda esta realidad, de una globalización caótica y asimétrica, traerá consecuencias muy dañinas para la humanidad entera pues, como reacción, comenzarán a florecer los nacionalismos, los proteccionismos perniciosos, las guerras regionales y mundiales, en resumidas cuentas, la desconfianza entre las naciones y entre los hombres. El actual “choque de civilizaciones”, un antagonismo totalmente creado y artificial, se verá amplificado por la hiper-inflación y posteriormente por la recesión mundial generalizada. No se pueden violar las leyes naturales continua e impunemente, tarde o temprano esas violaciones se vuelven contra el hombre mismo.

Por ello, lejos de pensar que las religiones serán la causa de las guerras y conflictos mundiales venideros, son las religiones las que tienen el reto de ir al fondo de las rivalidades, y analizar cual ha sido la causa de los actuales desequilibrios. Entonces sí, el esfuerzo por la paz podrá ser realista y efectivo.

Muchas gracias. Fuente: Últimos Tiempos. Foro Universal de las Culturas Monterrey, 22 de Septiembre 2007).

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1 Salinas Price, Hugo, “No hay por qué preocuparse”, 27 de junio 2007, http://plata.com.mx/plata/plata/comHSP79.htm

2 Noyer, Christian, Le Monde, 10-0907.