El pasado 15 de septiembre, en la ciudad de Morelia, se efectuaron dos atentados con granadas expansivas, durante los festejos por el día de la Independencia. Dichas acciones dejaron como saldo ocho muertos (al momento de realizar este artículo), y más de cien heridos, incluyendo en uno y otro a menores de edad. Hasta el momento, una de las principales líneas de investigación que se maneja considera la actuación de alguno de los cárteles del narcotráfico, en este caso, el conocido como “La Familia”.
De ser el caso, esto supondría que el narcotráfico está dispuesto a elevar el nivel de violencia con el propósito de eliminar cualquier interferencia en sus actividades, sea de parte de un cártel rival, o de parte del Estado. Ahora bien, esta es la primera vez que algún grupo subversivo realiza una acción de esta magnitud y contra la población civil. Recordemos que todavía el año pasado el Ejército Popular Revolucionario realizó también atentados con bomba, sin embargo esto se dirigieron contra objetivos específicos, alejados por lo general de centros de población.
En este sentido, cabría considerar una ley de la física que dice que “a toda acción corresponde una reacción, de igual magnitud y en sentido contrario”. Que quiere decir esto, que en el tamaño de la acción esta la causa que lo origina. Se ha repetido desde el 16, que nunca antes se había visto una agresión tan brutal ni un tiempo de violencia como el que estamos viviendo en estos momentos.
Si recordamos que el narcotráfico es desde hace tres o más administraciones, un problema de seguridad nacional, entonces ¿por qué desde ese entonces no se daban ejecuciones, tiroteos o atentados contra la población civil? Por la simple razón de que el narcotráfico ahora siente que en verdad se le está combatiendo; no solo en la captura de varios de sus cuadros estratégicos, con la consiguiente lucha interna al interior de los cárteles; sino también con los decomisos, que en últimas fechas incluso han sido de toneladas de distintas drogas.
Esto es, que no solo se está golpeando a la estructura organizacional del cártel, sino también, básicamente al bolsillo de los líderes, por las cantidades de mercancía que se pierde, si lo vemos desde una perspectiva empresarial. De ahí la violencia con que se ha manejado el narcotráfico en los últimos años. Entonces, ¿cómo entender que ahora dirijan su objetivo contra la población civil? Para esto, podemos usar el símil del secuestro. El narcotráfico toma como rehenes a los ciudadanos, exigiendo una serie de condiciones al Estado, bajo las cuales reducirá la violencia con que se ha comportado.
El narco está sufriendo el embate del Estado, y por ello reacciona de una forma tan brutal contra la población. Al final, no es sino un acto de desesperación que, sin dejar de lado el enojo, el miedo y el luto de los mexicanos, viene a confirmar que la estrategia que ha seguido el Gobierno, en sus distintos niveles contra la delincuencia organizada, está dando frutos.
Lejos de minar el espíritu de combate al narco, estas acciones deben confirmar a los responsables de esta lucha que están teniendo éxito. Esto lo saben los cárteles, por eso no debemos pensar que se ha llegado al grado máximo de violencia en nuestro país. Por el contrario, como se dijo antes el narcotráfico exige al Estado que reduzca la intensidad en su contra, de no hacerlo, seguirá matando a inocentes.
Por eso podemos decir que los peor está por llegar, porque cuando los narcotraficantes se sientan más arrinconados por las acciones del Estado, responderán con más violencia, porque para ellos se volverá cuestión de supervivencia, algo que en muchas partes del país, ya lo es para los ciudadanos.
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