Como cientos de miles de mexicanos el 21 de agosto salimos a marchar en contra de la violencia, pero más que nada en favor de un clima de seguridad y paz social. Como millones de mexicanos nos vimos conmovidos por las dos granadas que explotaron la noche del 15 de septiembre en medio de la conmemoración de las fechas patrias en la ciudad de Morelia.
¿Qué está pasando con la sociedad global en general, pero muy particularmente con la sociedad mexicana? ¿Por qué nos vemos cada día más envueltos en este espiral de violencia de los unos contra los otros sin que nada lo pueda frenar? ¿Qué enfermedad social nos afecta que nos enfrenta e impide que confiemos en el, en las personas que nos están cercanas o lejanas?
Cuando nos decidimos a participar en la marcha del 21 de agosto sin duda lo hicimos para manifestarnos en favor de la paz y en contra de la violencia. Personalmente lo hacía con la convicción que marcharíamos en silencio, con nuestras veladoras en la mano, para iluminar a un México que necesita encontrar esos caminos de reconciliación y paz. Pero desconcertado vi como los policías, que desarmados flanqueaban la marcha, se negaban a recibir un impermeable, un volante o cualquier otra cosa que se les ofreciera… Tenían orden de sus superiores de mantenerse al margen porque la manifestación era “contra” ellos. Con mayor desconcierto oí surgir de la muchedumbre el grito “¡si no pueden…!” que era coreado por un “¡renuncien!”… Luego entendí que fue una expresión apologética del Sr. Martí ante el Consejo de Seguridad Nacional, que luego se arrepintió haber pronunciado, pero que muchos tomaron casi como una bandera política dentro de la marcha.
Y hablo de desconcierto porque sin duda esta actitud de dar una orden de no involucrarse a los subordinados dentro de la policía, más que colmar una brecha la profundiza… Y lo mismo esa frase usada por los manifestantes, ya sea contra las autoridades policiales que contra las autoridades políticas.
NADIE… por muy capaz que sea y por mucha voluntad que tenga, podrá él solo luchar contra el fenómeno de la violencia. NINGUNA fuerza policial, preventiva o represiva, podrá por sí sola contra el fenómeno de la violencia. Es sólo el conjunto de la sociedad, unida en todos sus componentes, civiles, policiales y políticos, la que tendrá algún chance de revertir la actual situación. No es creando esas falsas brechas entre ciudadanía organizada y fuerzas policiales, entre sociedad civil y sociedad política que se solucionarán los problemas. Porque dividiendo vencerás. Y casi sin duda que ese fue el intento fallido de grupos violentos cuando dieron la orden de lanzar las granadas en Morelia: dividir aún más, ya sea por el miedo como por la reacción de indignación.
La sociedad mexicana en su conjunto necesita dar un paso hacia adelante, en orden de la solidaridad social y de la subsidiariedad. Necesitamos salir de nuestro cascarón individualista para encontrarnos en ese espacio colectivo que es el bien común. Cada una de las organizaciones de la sociedad civil debe asumir que si bien su fin es alcanzar un fin particular el mismo no tiene sentido si no es en el marco del bien común general. La “sociedad” política debe comprender que su legítima aspiración a alcanzar el poder pierde todo sentido si no es en el marco de buscar la coordinación armónica de las fuerzas de la sociedad civil en la búsqueda de ese mismo bien común. El funcionario público adquiere toda su dignidad cuando superando el interés de tener una “chamba” segura descubre el valor de poder servir a toda la ciudadanía en la “talacha” del bien común. El emprendedor y asalariado privado eleva su labor alcanzando la profundidad de su dignidad cuando se encuentra colmando ese espacio, tantas veces vacío, entre el puro interés particular y la gratuidad del encuentro con las necesidades del otro.
Es que cada vez nos hemos encerrado más en nosotros mismos. En nuestras necesidades y en ver quién y cómo las puede satisfacer al menor costo posible. Las queremos satisfechas ya. Y quizás cuando tengo los recursos no deseo pagar “lo justo” sino lo “menos posible”. Cuando no tengo los recursos alimento la envidia y muchas veces paso a apropiarme de las cosas por los caminos que no son los correctos. Y ambos están mal, porque lo “menos posible” arrebata lo justo, y los “caminos no correctos” injustamente arrebatan. Y la injusticia es ya violencia…
¿Cómo romper este espiral de violencia? Precisamente saliendo de nosotros mismos… rompiendo esta cáscara que nos aísla de los demás viendo a las personas que me rodean y a los más lejanos como mis prójimos, de los cuales no sólo necesito para que cubran mis necesidades sino también, y sobre todo, como quienes necesitan de mí, ya por mi reconocimiento como por aquello en lo que les pueda servir.
Se abre así un espiral de colaboración, donde nadie puede sustituir al vecino en aquello que le toca como responsabilidad, pero que trabajará con él en la tarea que a todas nos toca para lograr nuestro bien común, o sea, la realización de todas las personas en todas sus dimensiones.
Y volviendo a nuestro tema inicial de la marcha del 21 de agosto, al abrirme al otro primero me tendría que preguntar ¿estaría dispuesto yo a realizar su tarea? ¿en qué estoy colaborando yo en la misma? Entonces desde el horizonte de la responsabilidad responderé: si no estás dispuesto o no tienes la voluntad, deja que otro realice el trabajo, pero si lo que te faltan son fuerzas o ideas, ¿en qué te puedo ayudar? Así el sistema contará con sus colaboradores desde la sociedad civil que denunciará, como ciudadana fue la denuncia que llevó a la captura de los dos “lanzadores” de granadas de Morelia. Y la policía se sentirá respaldada por el conjunto de la ciudadanía porque es a ésta a la que sirve y no a mezquinos intereses particulares o políticos. Y los políticos le responderán a los ciudadanos porque éstos son sus mandantes a través del voto y ellos sus mandatarios por delegación.
Sólo así la sociedad recobrará su vigor, su armonía y su paz, porque todos estaremos en función del bien común, subsidiariamente corresponsables y solidariamente agentes de su construcción. Serán pocos los que desviándose pensarán que causando el mal a otros lograrán su bien (el caso de los narcos, o secuestradores, etc.), porque la conciencia general estará en el que “tu bien es mi bien”.
Utópico, ¡sí!. Realista, ¡también! porque es el único camino. Irrealizable, ¡no!, porque si bien al principio es difícil, mientras más nos acerquemos a este ideal (y es utópico porque nunca lo alcanzaremos perfectamente) más felices seremos.
RECUADRO
Los medios deben corresponder a los fines
Si queremos alcanzar la paz y armonía social, sin violencia, los medios para alcanzarlos deben ser coherentes con las mismas.
¿Cómo podemos esperar que una sociedad sea justa si no practicamos la justicia? Para muestra un botón: la justicia exige el respeto irrestricto de los derechos fundamentales de las personas, y que el Estado se erija como el defensor de estos derechos de los que no pueden defenderse por sí mismos. Si hay alguien que no tiene voz, y no puede ejercer ninguna acción para defenderse a sí mismo, ése es el embrión humano (humano, que ya pertenece al género y posee la dignidad de tal). ¿Cómo es posible que sea el Estado el que permita su eliminación, o sea, privarlo de su primer y fundamental derecho que es el de la vida, en aras de un derecho derivado del mismo, que es el de disponer del propio cuerpo, o incluso de otro derivado de segundo orden, como es el de establecer su propio proyecto de vida? ¿Acaso quien ha generado una vida no es porque ha ejercido una acción, que debería ser responsable y conocedora de sus posibles efectos y consecuencias, en vistas de la realización de su proyecto de vida, aunque éste sea sólo hedonista? ¿Es responsable esa vida generada de la irresponsabilidad de quien la generó, o de la irresponsabilidad de una sociedad que no le brindó la posibilidad de desarrollar esa responsabilidad?
Demos respuesta a estas preguntas y después juzguemos si estos medios que pretendemos usar para hacer de la sociedad algo más justo son realmente acordes con el fin que pretendemos alcanzar.
Ningún usuario ha comentado " A propósito de la inseguridad. Todos juntos y unidos "
Sigue en vivo los comentarios rss o mantén un Trackback