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Hablar sobre la juventud es un tema siempre vigente, porque es en la juventud donde se están gestando las futuras generaciones. Pero hacerlo desde un enfoque humano, social y fundado en los valores, hoy en día, resulta ser retrógrada, conservador, e incluso políticamente incorrecto.
Frases como “lo dijo la Iglesia” son comúnmente utilizadas para descalificar, rechazar o hacer menos. Es triste ver cómo algunos medios utilizan a la Iglesia como gancho para atraer audiencia; más triste aún cuando lo hacen descontextualizando y manipulando la información. Esta semana (el miércoles 4, para ser exactos), Héctor Figueroa publicó en el Excélsior Online una nota titulada “Cree Iglesia católica que condón causa adicción”. ¡Mentira!
Dicha aseveración –“Cree Iglesia católica que condón causa adicción”–, y la subsecuente nota, surgen de un desayuno de prensa al que tuve oportunidad de asistir, por lo que puedo asegurar que las palabras de Monseñor Pedro Agustín no sólo fueron mal interpretadas, sino descontextualizadas.
En su artículo, Héctor Figueroa escribe (y cito): “El ministerio de la Iglesia católica advirtió que el uso inmoderado del condón puede provocar una adicción similar a la que ocurre con el tabaco y tal es la verdadera razón por la cual se está regalando masivamente el preservativo por parte de las empresas que los fabrican”.
La realidad, es que Monseñor Pedro Agustín Rivera, Rector de la Antigua Basílica de Guadalupe, comparó la distribución –ojo, ¡dis-tri-bu-ción!– del condón con la del tabaco hace algunos años, cuando estos últimos eran regalados a las afueras de centros comerciales, no para producir adicción, sino para impulsar su compra-venta.
De esta manera, Monseñor explicaba que la intención del Gobierno del Distrito Federal de regalar preservativos a las afueras de escuelas públicas y privadas, es estimular e impulsar el comercio, la venta de condones. Se trata, pues, de una estrategia comercial.Con esta intención meramente económica, las autoridades pierden de vista que lo que están realmente impulsando es un libertinaje sexual entre adolescentes y jóvenes… ¡Pero nunca se habló de una adicción a los condones!
Las palabras de Monseñor Pedro Agustín fueron: “Cuando se distribuye algo de manera gratuita, se está promoviendo su uso. Puede pasar como con el tabaco: hace muchos años se regalaban cigarros en los centros comerciales; te acostumbran a usarlo y después tú tendrás que buscar la manera de poderlo adquirir, como con la droga, si no se tiene el dinero se roba porque ya se hizo el hábito, un mal hábito, que se llama esto, vicio”.
En su párrafo final, Figueroa escribe que según Monseñor este tipo de distribución del condón “provoca en los jóvenes el mantener relaciones sexuales de forma compulsiva”. Quizá no prestó atención a la conferencia de prensa, pues lo que el Rector de la Antigua Basílica de Guadalupe explicó fue que se está motivando a los jóvenes a iniciar su vida sexual a temprana edad, sin responsabilidad ni compromiso.
El regalarles condones no va a evitar que el día que no tengan un preservativo a la mano no tengan relaciones sexuales, porque en vez de fomentarles valores como el autocontrol… ¡se les regalan condones! Y claro, llegado el momento, se dejarán llevar por el impulso. De tal forma que no se trata de una actitud compulsiva, sino im-pul-si-va.
Y remata Figueroa: “En conferencia de prensa, el también químico de profesión (Monseñor Pedro Agustín) manifestó que para evitar la adicción al uso de los condones, en el empaque de los preservativos se debe colocar la leyenda: «El uso de este producto no te garantiza quedar libre de enfermedades venéreas o de embarazos»”.
Sí, Monseñor dijo que dicha leyenda debería ser puesta en los empaques de condones y preservativos en general, pero no para evitar una adicción, que como ya les comenté no se habló de tal, sino por una cuestión de veracidad.
Está comprobado que ningún anticonceptivo puede garantizar al 100 por ciento el no contraer una enfermedad venérea o evitar embarazos no deseados. Monseñor simplemente pidió hablar con la verdad –la cual no puede ser parcial, pues en dado caso es una completa mentira–, y alertar de los riesgos que conlleva el mal llamado “sexo seguro” –que de seguro no tiene nada–.
En contraparte, habló de la abstinencia y fidelidad como métodos realmente efectivos para evitar embarazos no deseados y contraer enfermedades venéreas, porque garantizan rotundamente sus resultados. Es claro: una campaña basada en la abstinencia y fidelidad no engañaría, y en cambio, sí daría lo que promete… pero, por supuesto, nadie obtendría beneficio económico.
Lo que realmente necesitamos son campañas integrales que comiencen desde la educación y formación de nuestros niños y jóvenes. Parece un lugar común, pero es la verdad: la educación –y no sólo sexual– debe empezar desde el seno familiar. Claro que la escuela, el gobierno, y la sociedad en general también influyen, tienen la responsabilidad de hacerlo.
Pero dicha responsabilidad no se satisface regalando condones, sino fomentando valores. Para que el día que alguien le dé condones a uno de tus hijos, no tenga que usarlo. Lo que es más, para no tener la necesidad de regalar condones a niños de 12 años. ¿Qué no les da pena? Se trata de atacar el problema de raíz, en lugar de ser las causas de él.
Fuente: YOINFLUYO.COM; http://www.yoinfluyo.com/index.php?option=com_content&task=view&id=14291&Itemid=99
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