
La sociedad actual regida por el capitalismo a ultranza, en el que el hombre ocupa un plano secundario y el dinero pasa a ocupar el lugar preponderante de la economía; esto ha traído como consecuencia una sociedad desordenada, sin valores que la rijan y guíen, ello ha ocasionado un caos total en el orden humano que se hace necesario un cambio drástico, volver a los principios y valores cristianos.
Se requiere con urgencia, darle su justa dimensión al derecho natural, con el único propósito de devolverle a la sociedad el orden y el rumbo, el fundamento de una sociedad humana mundial, en el contexto global que se plantea hoy en día.
Es importante destacar la imperiosa necesidad en el mundo globalizado de restablecer las bases culturales y espirituales de una sociedad cristiana para devolverle a la sociedad y al mundo el orden, el desarrollo y la paz que en un tiempo existieron; Pío XII, en su encíclica “Summi Pontificatus”, (octubre 1939) y hasta su mensaje de Navidad intitulado “Armonía del orden en el Mundo” ya pronosticaba este desorden ocasionado por la pérdida de valores y va mucho más allá al señalar: “Se ha desorganizado el orden humano, en el sentido más profundo, al perder la piedra angular que es Cristo”.
Insiste en su momento, el Papa Pío XII, en volver a la ley natural y con ella a los fundamentos de la moral, sin los cuales Europa ha sido llevada, históricamente a la ruina y a la descristianización, al señalar:
“Como bien sabéis, venerables hermanos, el fundamento de toda moral, comenzó a ser rechazado en Europa, porque muchos hombres se separaron de la doctrina de Cristo, de la que es depositaria y maestra
la Cátedra de San Pedro. Esta doctrina dio durante siglos tal cohesión y tal formación cristiana a los pueblos de Europa, que éstos, educados, ennoblecidos y civilizados por la cruz, llegaron a tal grado de progreso político y civil que fueron para los restantes pueblos y continentes, maestros de todas las disciplinas”. (
1).
Es decisiva la aportación que hace el derecho natural al reconocer la dignidad de la persona humana y el subordinamiento de todas las disciplinas a ella; coloca las bases de los valores humanos fundamentales; ya lo señalaba Juan XXIII, en su encíclica “Gadium Et Espes”, 63: “El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica – social”.
El sentido de la economía, la razón y esencia de ella, no está desde el punto de vista formal, únicamente, en el actuar conforme al principio racional-económico ni científico o técnico; tampoco en la rentabilidad o utilidad ni en la mayor satisfacción material posible para el mayor número de hombres. También resulta erróneo (equivocado) únicamente limitar la economía a la satisfacción de la demanda y la oferta; sino que es un instrumento, una disciplina al servicio del hombre. [1]
Paulo VI, en su encíclica “Quadragésimo Anno” nos refiere que: “Estos bienes, “los materiales”, deben ser suficientemente abundantes para satisfacer las necesidades y comodidades honestas y elevar a los hombres a aquélla condición de vida más feliz, que administrada prudentemente, no sólo no impide la virtud, sino que la favorece en gran medida”.
La economía no es el único o supremo fin o fin último, ya que debe estar ordenada en primer término bajo la dignidad de la persona humana, la familia, la religión y la moralidad y todas ellas a su vez, al fin ultimo Dios; esto es, que los bienes materiales deben de ser un medio para hacer llegar al hombre a Dios. (2).
La Doctrina Social de
la Iglesia Cristiana, fundamenta la ordenación económica en la propiedad privada, por las siguientes razones:
1º.- Proporciona al hombre libertad de disposición, autonomía, independencia; está en la más estrecha relación con la dignidad personal y los derechos personales del hombre; este razonamiento ha sido planteado desde los filósofos griegos y con posterioridad por los padres de
la Iglesia.
2º.- Sirve para diferenciar las competencias y responsabilidades dentro de la economía. Capacita al hombre para cumplir con libertad jurídica, la serie de obligaciones duraderas y decisiones de las que es inmediatamente responsable ante el creador. Santo Tomás de Aquino afirma que el fin de la ley debe hacer más virtuoso al hombre y hoy en día la ley es para reprimir y castigar lo que lo obliga a buscar la forma de evadir e incumplir la ley.
3º.- Se satisface la necesidad humana de la seguridad y previsión fundamental para la familia. (Gatium Et Spes, 7).
4º.- Es la razón de intercambio económico que vincula entre sí a las ramas de la economía y a los pueblos de manera pacífica y voluntariamente. Promueve un sano intercambio de mercancías y contraprestaciones del que resultan mutuamente beneficiados. Podemos hablar de la economía con responsabilidad social.
5º.- Da a los hombres la posibilidad de hacer a otros el bien en ayuda desinteresada. La solidaridad, la ayuda humanitaria y hasta la caridad cristiana surgen de manera espontánea ya que se promueve el respeto a los bienes ajenos, sin necesidad de que la ley humana lo castigue.
6º.- Sin la propiedad privada, es decir dentro de la comunidad de bienes, se genera la pereza y la irresponsabilidad, ya que todos intentarán evadir el trabajo dejándoselo a los demás, eliminando el ingenio y la diligencia de cada uno. (Rerum Novarum, 12).
7º.- La comunidad de bienes conduce al desorden y a la confusión, todos se ocuparían de las cosas comunes y las atenderían según sus caprichos.
8º.- La propiedad común es la causa de discordia social, ya que todo es de todos y de nadie a la vez.
9º.- La propiedad común genera el monopolio del poder económico, político, social, militar, policiaco, etc.
10º.- La propiedad común atenta contra la liberad y la dignidad humanas.
La economía, por lo tanto es un medio que debe estar al servicio del hombre, para su beneficio personal y familiar y en última instancia para alcanzar su fin último que es Dios. [2]
[1] Patrick de Laubier. El Pensamiento Social de
la Iglesia, IMDOSOC. Pag. 92.
[2] Encíclica “Quadragésimo Anno”, 43.
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