Elecciones 2009. Por Guillermo Gazanini (Asesor Parlamentario)

   

Violencia y miedo, dos sustantivos que han sido comunes en el vocabulario de los mexicanos. La organización de la sociedad civil ha puesto de manifiesto la crisis del Estado ante el problema desbordante del crimen organizado que mantiene paralizados los ánimos de los habitantes de la República. La percepción general es que la ciudadanía está hostigada de las noticias de muertos, violencia y narcotráfico que hacen que el ambiente general se repliegue hacia la desesperanza y el futuro oscuro para la nación mexicana. 

En este ambiente comienzan a despegar las campañas para elegir a los hombres y mujeres que van a representar a millones de mexicanos en la Cámara de Diputados, en las presidencias municipales, en las legislaturas locales y en algunas gubernaturas. ¿Qué impresión tiene la población de sus políticos? Ante este clima de violencia, ¿los ciudadanos son conscientes de que la participación política podría mejorar las expectativas de vida al elegir responsablemente a sus representantes? ¿Cuál es el papel de los partidos políticos?  

La participación política de los ciudadanos en 2008 tuvo como característica el escaso interés por sufragar: en el Estado de Hidalgo se registró un 60.62% de abstencionismo; en Nayarit, el 60% del padrón no votó en la elección de alcaldes y diputados; en Guerrero, las elecciones de presidentes municipales y legisladores del Estado estuvieron empañadas por más del 20% de abstención del electorado. Y es que la población está más preocupada por su sustento, trabajo y economía que ir a votar por un grupo de individuos que, por lo general, se encuentran en el lugar más bajo en el índice de instituciones que generan confianza. Efectivamente, la sociedad ha reprobado a diputados, partidos políticos y senadores mientras que las universidades, el ejército y la Iglesia están en los primero lugares. No es nada favorable el apoyo ciudadano a sus representantes. 

Las fuerzas políticas que llegan a las elecciones intermedias de 2009 ahora se mueven en  las nuevas reglas del juego electoral que aprobó la LX Legislatura del Congreso de la Unión. La reforma electoral de 2008 redujo los gastos de los partidos y dieron al IFE los elementos de fiscalización y control para que las campañas y candidatos tengan normas claras que pongan un dique a sus pretensiones. Regulación en tiempos de radio y televisión, fiscalización de recursos, homologación de calendarios electorales, recuento de votos y dotar al IFE de “dientes” para que sea una autoridad capaz de sancionar, fueron algunos de los elementos que las fuerzas políticas plasmaron en un nuevo Código Electoral. Muchos se entusiasmaron con la reforma como la propuesta definitiva, así como se entusiasmaron con la reforma de 1996.  

 

Sin embargo, en el ámbito legislativo, las fuerzas políticas representadas en el Congreso han mostrado facetas múltiples a la ciudadanía que los votará. El PRI enseñó su colmillo al hacer quórum necesario para tomar protesta a Felipe Calderón en diciembre de 2006; el PRD vino a menos cuando al iniciar el debate de la reforma energética, el Frente Amplio Progresista tomó las tribunas de ambas Cámaras para impedir un “albazo” del partido mayoritario ante una eventual privatización del sector energético y el PAN hace alarde de los logros gubernamentales de los que ahora se vale para influir en el ánimo del electorado. La percepción general del elector dice que el PAN ha desperdiciado su oportunidad para gobernar ocupándose de atender los asuntos de casa, en golpeteo político de los grupos de Espino y Germán Martínez y el fuego amigo entre la dirigencia nacional y los panistas que encabezan algunas instituciones de la administración pública federal. 

Destaca además su ánimo por cubrir las candidaturas con gente de amplio perfil, que no de alto. La carrera en las precandidaturas del PAN  analizó la posibilidad de ofrecer los puestos de elección popular a rostros conocidos en lugar de perfiles calificados. Deportistas, luchadores y artistas ahora pueden aspirar a ocupar una curul en San Lázaro, como en los viejos tiempos del priísmo cuando boxeadores, actores y caciques eran dignos representantes del pueblo de México. La última contra la dirigencia del PAN provino de Manuel Espino, exdirigente del instituto político, al afirmar que los representantes del Partido se parecen más a los del PRI. Sin embargo, el discurso del presidente del PAN, Germán Martínez, apeló a la unidad de sus correligionarios:  

Yo apelo al esfuerzo, a la generosidad y a la unidad de los panistas en todo el país. En segundo lugar, estamos comprometidos en construir una mayoría en

la Cámara de Diputados, también al mismo tiempo vamos por más poder local, tanto en gubernaturas como en municipios que también se juegan el 5 de julio de este año. En todo caso, toda campaña, toda contienda electoral el PAN va animado por su vocación democrática a ponerse a disposición de los ciudadanos, y estoy seguro que si nos ponemos a disposición de los ciudadanos, que si le abrimos la puerta a los ciudadanos, como lo comenté anteriormente, que si los panistas estamos unidos, que si los panistas ponemos el mismo esfuerzo que hemos puesto en otras campañas electorales, estoy seguro que lo vamos a poner, nos va a ir muy bien en Querétaro, en San Luis, en Nuevo León, en Sonora, en Colima, en Campeche, a la hora de renovar esas gubernaturas. También vamos a renovar ayuntamientos en Jalisco, en Guanajuato, en el Estado de México, delegaciones en el Distrito Federal, y aquí en Morelos y además vamos a obtener otra mayoría en

la Cámara de Diputados.
Para eso estamos trabajando, nos sometemos al juicio de los ciudadanos, a eso vamos los partidos políticos, lo estamos trabajando con prudencia, con tranquilidad, con serenidad y esperando que el juicio de los ciudadanos sea favorable”.  

La confianza del Presidente Nacional puede ser desmedida. Hay que recordar que estar en el poder, no es garantía de triunfo y el PAN lo sabe. En el 2008 tuvo serios descalabros electorales y desde 2006 el Partido Acción Nacional ha venido a la baja, al 21 % de las preferencias. ¿De qué echará mano? Ya lo está haciendo, hará valer los logros del gobierno como el seguro médico popular y recordar al electorado que la oposición ha ido en contra de las reformas estructurales propuestas por el presidente Calderón quien tiene un nivel alto de aceptación popular. 

 

El PRI está envalentonado y confiado en el triunfo del 2009. En diciembre de 2008, según las encuestas de Mitofsky, el PRI del siglo XXI mantenía un ritmo de crecimiento en el ánimo de los electores por encima del 31.9% desde 2006. El nuevo PRI pareció haber aprendido las lecciones del 2006 y sabe que el laboratorio electoral de julio le dará la temperatura exacta para saber cómo le irá en el 2012. Ha sido el partido político más activo en

la LX Legislatura y un factor clave en las reformas estructurales recientes. La reforma energética, a pesar de los gritos de triunfo del PRD, tuvo mucho de PRI. La ley para la reforma del Estado fue una iniciativa priísta y de ese normatividad emanaron los puntos medulares para lograr el diálogo parlamentario que dieron lugar a la reforma del ISSSTE, de la reestructuración del IFE, de las nuevas reglas electorales y de la reforma energética.
 

Su estrategia de campaña viene a denostar los resultados del gobierno panista, reclamando la crisis económica actual y la inseguridad pública. La lección del PRI es notable; a diferencia de sus contrincantes, las facciones al interno del partido se sientan a negociar y no a pelear, a conciliar y planear el triunfo que, dicen los priístas, permitirá tener más de  250 diputados en

la Cámara Baja. Actualmente, el PRI tiene 18 Estados lo que representa más del 55% de la población nacional que está representada por un gobernador priísta.
 

La segunda fuerza política representada en

la Cámara de Diputados, el Partido de

la Revolución Democrática
, sólo tiene un objetivo en las elecciones del 2009: mantener su porcentaje histórico electoral. El efecto López Obrador impulsó notablemente a este partido que representó la suma de fuerzas y la movilización ciudadana que disputó la presidencia de

la República que perdieron tan sólo por medio punto. Las movilizaciones, los bloqueos, la toma de las tribunas, las amenazas con paralizar el país e inclusive atentar contra la paz, ha ido demeritando la imagen de un partido fracturado entre una izquierda renovada y los grupos leales al “presidente legítimo de México” que formaron el Frente Amplio Progresista surgido de las elecciones del julio de 2006. Todos recordamos la primera crisis de la cual fueron protagonistas, la toma de protesta del presidente Felipe Calderón en 2006 y más atrás, cuando impidieron a Vicente Fox rendir su informe ante al Congreso General.
 

 

La intransigencia del PRD sumió al Poder Legislativo en crisis cuando súbitamente, en abril de 2008, mientras se discutía un dictamen relativo a los recursos económicos para ex trabajadores migratorios mexicanos, los integrantes del Partido de

la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia comenzaron a ocupar el lugar de la mesa directiva de

la Cámara de Diputados. En esa ocasión, la señal se dio cuando el senador Ricardo Monreal Ávila anunció el inicio de la resistencia civil pacífica para defender el patrimonio petrolero de los mexicanos. Hoy Monreal, ante el triunfo de Jesús Ortega en la presidencia del PRD, abandonó ese instituto político para sumarse a las filas del Partido del Trabajo, uno de los “chiquitos” que ahora reciben el apoyo de Andrés Manuel López Obrador como su vocero y promotor de campaña.
El PRD quiso extender su crisis interna a la vida pública. Su proceso interno de selección de presidente fue la reproducción más novedosa de los estilos priístas, del embarazo y robo de urnas, de los mapaches y de la renuncia de los responsables del conteo de los votos por las irregularidades electorales. Su misma crisis la proyectó en las Cámaras retrasando el diálogo y rompiendo con los órganos de gobierno del Congreso creando inestabilidad. Una vez que se garantizaron los foros de discusión de la reforma energética, el FAP liberó las tribunas, amenazando que cualquier intentona de madruguete legislativo haría que tomaran de nuevo los recintos legislativos.Y su esquizofrenia se manifestó de nuevo en la elección de presidente del partido. pejistas y chuchos se enfrentaron al más puro estilo del antiguo régimen acusándose, unos a otros, de fraude y robo de votos. La historia, de sobra conocida, dio el triunfo a Jesús Ortega, un renovador de la imagen del PRD, que subió al cargo máximo del partido entre reclamos de los fieles de López Obrador, quienes vieron cómo las instituciones, que mandaron al diablo, habían revocado el fallo de

la Comisión de Garantías del partido para
reconocer la ventaja de 35 mil 951 votos a Ortega sobre Alejandro Encinas. En total, Ortega obtuvo 440 mil 891 votos, contra 404 mil 940 sufragios de su contrincante. Lo mismo que cantaron en la elección de 2006, lo llevaron a casa: “Voto por voto, casilla por casilla”.Estos eventos desde la elección de julio de 2006, en conclusión, han puesto al PRI en la cima de las encuestas. Lleva una ventaja muy amplia sobre su más cercano oponente, Acción Nacional. Y el sistema de partidos comienza a ver los frutos de la reforma electoral de 2008; por lo pronto, hay un enfrentamiento mediático entre quienes explotan las concesiones de televisión y el IFE, sin que

la Secretaría de Gobernación muestre un signo más fuerte de autoridad, limitándose a iniciar mesas de diálogo para estudiar la situación. La carrera apenas comienza… ¿Qué vendrá después del 5 de julio? No es una elección presidencial pero será la medida para el futuro ocupante de Los Pinos, después de Calderón. Desde finales de los noventa, no ha habido un partido que recobre la mayoría absoluta en San Lázaro. Si el PRI lo recupera, no será para ver al instituto renovado del siglo XXI, sino al mismo partido con rasgos absolutos, lo que podría representar un retroceso en el equilibrio del sistema electoral y una carga difícil para el presidente de

la República.
Los Obispos de México han emitido su opinión en esta carrera electoral. La crisis económica contrasta con los recursos millonarios que la autoridad electoral ha otorgado a los partidos generando la desconfianza de los empadronados. Los prelados llaman a estudiar las plataformas políticas para sumarse “con esperanza” en el ejercicio democrático y que, en el fondo, es el anhelo para que, en su papel, candidatos, partidos políticos y pueblo, en quien se deposita la soberanía, persigan la justicia, la paz y la verdad. 

*El autor es (Asesor Parlamentario en la Cámara de Diputados en la LX Legislatura del Congreso de la Unión de México. Asesor en el Instituto de Teología San Pedro y San Pablo. Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó estudios de bachillerato pontificio en filosofía y teología en el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de la Arquidiócesis de México. Maestría en Historia del Pensamiento por la Universidad Panamericana de la Ciudad de México. En 1996, la Comisión Nacional de Derechos Humanos reconoció su trabajo de tesis de licenciatura “La cuestión de la libertad religiosa, su tutela y límites en la legislación mexicana” con el segundo lugar en el Concurso “Premio CNDH a las mejores tesis en Derechos Humanos”). 

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