“Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida”. Por: Congregación de Religiosas de la Cruz

(Cortesía de Diariosinsecrertos.com/ Congregación de Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús /)

  

Existe un tesoro escondido, una riqueza que no ha sido explotada ni se aprecia en su verdadero valor, siendo que es  lo más grande, del cielo y de la tierra, el Espíritu Santo.

No, ni el mundo de las almas lo conoce debidamente. Él es la luz de las inteligencias y el fuego de los corazones; y si hay tibieza, y si hay frío, y debilidad, y tantos males que aquejan al mundo espiritual, y hasta a mi Iglesia, es porque no se acude al Espíritu Santo.

Su misión en el cielo, su vida, su Ser, es el amor; y en la tierra, llevar a las almas a ese Centro del amor que es Dios. Con Él, se tiene cuanto se puede apetecer; y si hay tristeza, es porque no se acude al Divino Consolador, que es el gozo completo del espíritu; si hay flaquezas, es porque no se acude a la Fortaleza invencible: si hay errores, es porque se desprecia al que es

la Luz; si se extingue la fe, es por la falta del Espíritu Santo.

No se le da el culto que se le debiera dar, en cada corazón, en la Iglesia entera, al Espíritu Santo; y la mayor parte por lo que se llora en

la Iglesia y en el campo de las almas, es porque no se le da toda la primacía que Yo le di, a ese Santo Espíritu.

Se le ama con tibieza, se le invoca sin fervor, y en muchos corazones aun de los míos, ni siquiera se le recuerda, y esto lastima muy hondamente a mi Corazón.

Es tiempo ya, de que el Espíritu Santo reine —decía el Señor como conmovido—, y no allá lejos, como una cosa altísima, aunque lo es, y no hay cosa más grande que Él, porque es Dios, conjunto y consubstancial con el Padre y el Verbo, sino acá cerca, en cada alma y corazón, en todas las arterias de mi Iglesia.

El día que circule por cada Pastor, por cada sacerdote, como sangre, así de íntimo, el Espíritu Santo, se renovarán las virtudes teologales, que languidecen por la falta del Espíritu Santo. Entonces cambiará el mundo, pues todos los males que en él se lamentan hoy, tienen por causa, el alejamiento del Espíritu Santo, su remedio único.El impulso celestial para levantar a mi Iglesia de cierta postración en que yace, está en que se active el culto del Espíritu Santo; en que se le dé su lugar, es decir, el primer lugar en las inteligencias y en las voluntades.

Nadie será pobre con esta riqueza celestial, y el Padre y el Verbo que soy Yo, deseamos la renovación palpitante, vivificante de su reinado en la Iglesia.


Él es el alma de esa Iglesia tan amada, cierto; pero no se dan cuenta muchos, de ese favor celestial, no le dan toda la importancia que se debe, lo hacen rutina, y languideciendo su devoción en los corazones, es muy tibia, es secundaria, y esto trae males sin cuento, tanto a

la Iglesia como a las almas en general. (C.C. 35, 67-70)

A medida que el Espíritu Santo reine, se irá destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizará a la Cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. (C.C. 35,72)  

Acción del Espíritu Santo:

Creen las almas muy lejos al Espíritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo así, la Persona divina más asistente con la criatura. La sigue a todas partes, la impregna de Sí mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y más cerca está que ella misma.

¡Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiración, por su luz, por su gracia y auxilio, y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma!Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Espíritu Santo. Si te enamoras de Mí, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes [ ] a mi Corazón, es por el Espíritu Santo.

Se le considera intangible y lo es, [  ] pero no hay sin embargo cosa más cerca y al alcance de la criatura que el Espíritu Santo.

Y los siglos han pasado siendo Él siempre el principio de todas las [  ]cosas, la luz de la fe, el que infunde todas las virtudes, el riego que fecundiza el campo de

la Iglesia, y sin embargo, ni se le estima, ni se le conoce, ni se agradece su influencia siempre santificadora.

En estos últimos tiempos, ha puesto su trono la sensualidad en el mundo, esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Espíritu Santo venga a destruir y aniquilar a Satanás que en esa forma se va introduciendo hasta en la Iglesia.

¿Por qué tantos males sino por la falta del Espíritu Santo, es decir, por tantos pecados que lo alejan?Extender el reinado del Espíritu Santo es destruir el de Satanás, es acercar las almas a mi Corazón, regenerarlas por la cruz, porque al acercarse el Espíritu Santo a las almas, con su luz les muestra el camino del dolor; con sus encantos las empuja, con su influencia lo suaviza y con su consolación las alegra haciéndoles fácil el camino de las virtudes”.

Que reine ya el Amor, que es el Espíritu Santo. Si mi Corazón es amor, es porque es su nido, porque Él constituye sus latidos.   (C.C.40, 187-192)

El amor, es el único que une, que simplifica, que santifica, que reconcilia, que abraza, que estrecha los  vínculos y los corazones.

Sólo Él, únicamente Él, puede renovar la faz de la tierra, es el que unifica a la Iglesia, [ ] es el que simplifica, porque es la unidad por esencia, y es unidad, porque es amor. (C.C. 49,363)
 
 

Consagración del mundo al Espíritu Santo:

¿Quién contra Dios? Las generaciones pasan; las persecuciones se derrumban, los cismas caen, y sólo mi Iglesia hermosa y pura, santa e inconmovible, llegará al fin tan santa y perfecta e inconmovible como salió de mis manos, apoyada en el amor que no se muda porque es divino, por el ser de unidad que lleva consigo, impregnada de amor, y sólo esparciendo amor.

El Espíritu Santo es el alma, el gran motor divino de la Iglesia; su energía, su corazón, su latido, porque es el Amor.Ha llegado el tiempo de exaltar en el mundo al Espíritu Santo, alma de esa Iglesia tan amada, en donde esa Persona Divina se derrama en todos sus actos con profusión.

Que el mundo se consagre al Espíritu Santo, muy especialmente, comenzando por todos los miembros de la Iglesia. El amor, la caridad, se ha resfriado en el mundo, siendo esto el origen de todos los males que lamenta. Ese amor divino único se ha inutilizado, se ha neutralizado, se ha falsificado, se le ha suplantado con falsos amores, con mundo y materia que lo ha alejado de los corazones. Y es preciso que vuelva, que triunfe, que cante la victoria de su Dueño, convirtiendo almas, y regenerando corazones, y generaciones.

¿Cuál tiene que ser el principio sólido y verdadero y duradero de esta conmoción universal? ¿Por dónde debe comenzar? Por mis sacerdotes en su transformación en Mí. Yo te aseguro que si los sacerdotes todos a una, en la unidad de la Trinidad emprenden este gran impulso santificador y divino, Satanás quedará derrocado y

la Iglesia purificada en sus sacerdotes, será un consuelo y un grande obsequio a mi Corazón.
Pero ¿quién facilitará esto? Sólo el Espíritu Santo que contrarresta lo material con lo divino; sólo

la Persona del Amor comunicará amor, y entonces, todo está salvado.

Que mis sacerdotes todos, se arrojen confiados al Espíritu Santo que está pronto a derramarse en los corazones que más ama y en los que ansía explayar sus carismas, bendiciones y unión con más profusión.  (C.C. 51, 81-85)
 

Un nuevo Pentecostés:

Algún día, y no lejano, en el centro de mi Iglesia, en San Pedro, se llegará a hacer la Consagración del mundo al Espíritu Santo, y las gracias especiales de este Divino Espíritu, se derramarán en el Papa, feliz que esto haga. Hace mucho tiempo que vengo iniciando este mi deseo, de que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se derrame en la tierra como un segundo Pentecostés. Entonces, [  ] el mundo se espiritualizará con la unción santa de pureza y de amor con que lo bañará el Soplo vivificante y puro del Purísimo Espíritu.

Barrerá este Soplo santo todas las impurezas en los corazones, y todos los errores en las inteligencias que correspondan a su influjo: y la faz del mundo se renovará restaurando todas las cosas en Mí, pero sobre todas esas cosas, a mis sacerdotes que son y serán los primeros en esa restauración universal, en sus corazones, que vendrá; sí, vendrá a glorificar en la unidad de la Iglesia a

la Trinidad.
Se rendirán muchas Sectas, ante la unidad divina de mi Iglesia; cesarán muchos cismas; el Concilio futuro tendrá y dará frutos de vida eterna, y

la Iglesia única y verdadera cobijará muchas naciones extendiendo sus alas para abarcar a todo el mundo y traerlo a su salvador seno.

No siempre la Iglesia ha de estar postergada; tendrá sí, siempre enemigos y guerras y persecuciones hasta el fin de los siglos; pero tendrá treguas también, tendrá honoríficos triunfos, Yo te lo aseguro. Pero he vinculado estos triunfos en una sola cosa: en la consumación transformativa en la tierra, de sus sacerdotes en Mí.

Con esto, vendrá el reinado del Espíritu Santo en las almas de mis sacerdotes, porque es mi mismo Espíritu, y en todas las naciones, en las almas después, trayendo la paz, por medio de la unidad en el amor, en

la Caridad.
Pide, porque esto se apresure para mi mayor gloria; esta santificación de mis sacerdotes en el Santificador único, esa evolución santa en sus almas por el amor; ese ser todos de María, y todos para las almas en Mí y de Mí en ellos, en la tierra, para aliviar, consolar, edificar, perdonar y salvar.  (C.C. 51, 136-138)

Promesa del Espíritu Santo:

“¡Dichosa el alma que se me consagra! Yo formaré en ella mi nido y la haré santa, le daré mis dones y mis frutos y conocerá una vida interior de luces y misterios oculta a la mayor parte de los hombres”. C.C. 10, 167

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