
¿El celibato es escándalo o es escándalo su falta de cumplimiento?
Toco este tema con motivo del escándalo provocado en los Estados Unidos por el famoso P. Alberto, quien fue descubierto en una relación amorosa y cuyas fotografías fueron publicados n una revista de chismes y espectáculos. Creo que el problema del sacerdote no fue haberse enamorado sino no renunciar a su ministerio para ser congruente con lo que predicó durante tantos años y su fidelidad a
la Iglesia. Ante las diversas y muy variadas opiniones sobre el tema es necesario aclarar algunos puntos.
Dos caminos de santidad
La Sagrada Escritura propone diversas maneras de servir a Dios. En la Biblia aparecen personajes ejemplares célibes y dedicados totalmente a Dios: como Elías y San Juan Bautitsta. Pero también muchos líderes y héroes bíblicos están bendecidos con el matrimonio: Abrahám, Moisés, San Pedro, etc.
Bendición al matrimonio y a quienes renuncien a él
Cristo bendice el matrimonio, pero advierte que para vivirlo se necesita una “vocación” especial. También reconoce la continencia voluntaria de quienes son capaces de renunciar a él por el Reino de los cielos. “En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!” (Mateo 19, 12). “Pedro le dijo: ‘Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido’. Jesús respondió: “Les aseguro que el que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos, por el Reino de Dios, recibirá mucho más en este mundo; y en el mundo futuro, recibirá la Vida eterna”. (Lucas 18, 28 – 30).
Sacerdotes casados en la comunidad primitiva
Cristo no pidió el celibato a sus ministros. El evangelio nos habla de la suegra de San Pedro. En la comunidad cristiana primitiva hubo obispos y sacerdotes casados. San Pablo en su Primera carta a Timoteo pide que los obispos y sus auxiliares estén casados: “El que aspira a presidir la comunidad, desea ejercer una noble función. Por eso, el que preside (obispo) debe ser un hombre irreprochable, que se haya casado una sola vez, sobrio, equilibrado, ordenado, hospitalario y apto para la enseñanza…Que sepa gobernar su propia casa y mantener a sus hijos en la obediencia con toda dignidad. Porque si no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar la Iglesia de Dios?” (Capítulo 3, versículos 1-12). De esta manera, los que ejercían un ministerio dentro de la Iglesia primitiva tenían la opción del celibato dentro de las recomendaciones expuestas o podían casarse.
Celibato como norma de la Iglesia
El celibato aparece como norma de la iglesia en el siglo IV (entre el año 300 y el 324), en el Concilio de Elvira, ciudad cercana a Granada, España, al que asistieron 19 obispos y 26 presbíteros de toda España. Las actas constan de ochenta y un cánones que se encuentran suscritos únicamente por los obispos. En el canon 33 de esa reunión se encuentra la ley más antigua sobre el celibato del clero. No se exigía a los sacerdotes que ya estaban casados, sino solamente a los nuevos sacerdotes. Ante la escasez de vocaciones, se consideró renunciar al matrimonio para dedicarse mejor a la comunidad. Esta norma fue aceptada por la Iglesia Latina, pero no así por la Iglesia Ortodoxa que, hasta la actualidad permite que los candidatos al ministerio sacerdotal pueden optar por el celibato o el matrimonio antes de recibir el orden diaconal, pero se prefiere la elección de obispos célibes.
La norma se extiende con beneficios para la comunidad
Algunas leyes empezaron a exigir el celibato sacerdotal entre diócesis de rito latino. En la Edad Media se fue imponiendo para resolver el problema de las herencias de clérigos. Como algunos sacerdotes heredaban a su familia propiedades que no eran personales sino de la Iglesia, ésta insistió en el celibato para evitar que bienes de las diversas comunidades pasaran a manos particulares. Así, el celibato estuvo acompañado de la prohibición de que los clérigos pudieran heredar a sus hijos propiedades de la Iglesia. En el 1022 el Papa Benedicto VIII insistió en la prohibición del matrimonio de los sacerdotes basándose en la cita de Mateo 19:12: “Hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos”. La norma se hizo patente en el Concilio de Letrán de 1123, aunque dicha regulación no fue seguida de manera estricta.
La norma se hace más rígida
No obstante muchos sacerdotes y prelados al considerarla una ley humana, no impuesta por Cristo, siguieron teniendo relaciones sexuales de manera abierta. El ejemplo más conocido fue el papa Borgia, Alejandro VI, cuyo pontificado duró de 1492 a 1503. Fue solamente hasta el siglo XVI, en el Concilio de Trento (1545 - 1563), que se estableció de manera definitiva el celibato sacerdotal obligatorio como se le conoce en la actualidad, en respuesta a la Reforma protestante que permitía, e incluso promovía, el matrimonio de los sacerdotes, al tiempo que suprimía las órdenes religiosas y sus votos.
En nuestros días
Actualmente el celibato es una decisión libre y conciente. El seminario prepara a los candidatos para que tomen conciencia de la decisión al solicitar ser aceptados como sacerdotes. Antes de la ordenación sacerdotal, el candidato debe firmar un documento de aceptación. En época reciente, los últimos Pontífices se han pronunciado en varias ocasiones dando respuesta a algunos movimientos católicos de renovación en torno al Concilio Vaticano II, y que plantean el celibato opcional. El Papa Pablo VI publicó el 24 de junio de 1967 su sexta encíclica Sacerdotalis Caelibatus que ha sido respaldada por Juan Pablo II y Benedicto XVI. El Código de Derecho Canónico que rige a la Iglesia dice en su Canon 277: “1. Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres. 2. Los clérigos han de tener la debida prudencia en relación con aquellas personas cuyo trato puede poner en peligro su obligación de guardar la continencia o ser causa de escándalo para los fieles.” (Título III, De los ministros sagrados o clérigos, capítulo I).
Si un sacerdote no cumple su promesa de celibato
Cuando un sacerdote, en conciencia, siente que no puede cumplir con su promesa, debe acercarse a su obispo para informarle sobre su situación. Si necesita ayuda para continuar con su ministerio, el obispo le da todo el apoyo humano y sicológico para que pueda continuar con su promesa de celibato. Sin embargo, cuando el sacerdote muestra su deseo de tener una pareja sexual o, los hechos lo comprueban, el obispo debe retirarlo del estado clerical. El obispo sólo puede iniciar el trámite si cuando el sacerdote tiene 40 años cumplidos. Seguirá siendo sacerdote hasta su muerte, pero no podrá ejercer su ministerio. Así lo menciona el Derecho Canónico en el Capítulo IV sobre la Pérdida del Estado Clerical: “Una vez recibida válidamente, la ordenación sagrada nunca se anula. Sin embargo, un clérigo pierde el estado clerical. Por sentencia judicial o decreto administrativo, en los que se declare la invalidez de la sagrada ordenación; Por la pena de dimisión legítimamente impuesta; Por rescripto de la Sede Apostólica, que solamente se concede, por la Sede Apostólica, a los diáconos, cuando existen causas graves; a los presbíteros, por causas gravísimas” (Canon 290). “…se le prohíbe ejercer la potestad de orden, salvo lo establecido en el canon 976; por esto mismo queda privado de todos los oficios, funciones y de cualquier potestad delegada” (Canon 292). Para que un sacerdote pueda contraer matrimonio por la Iglesia necesita contar con la Dispensa otorgada directamente por el Sumo Pontífice. Así lo menciona el Canón 291: “La pérdida del estado clerical no lleva consigo la dispensa de la obligación del celibato, que únicamente concede el Romano Pontífice”.
Oremos por nuestros sacerdotes
Cuando un sacerdote no cumple con el celibato o cuando tiene que ser retirado de su ministerio siempre es motivo de tristeza para su comunidad y la Iglesia en general. Pero esto es peor cuando su actitud provoca escándalo y alejamiento de los fieles. Dios, su obispo y su comunidad pudieron entender al Padre Alberto si, a tiempo, hubiera hecho transparente su situación y su decisión de retirarse del ministerio. Sin embargo, encubrir durante dos años su situación y ser descubierto por paparazzis, provocan consecuencias que no solo le traen perjuicios personales sino también a toda la Iglesia. Por ello, oremos por nuestros sacerdotes para que Dios les mantenga firmes en la vocación a la que han sido llamados.
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