
Introducción.
Hace unos años, cuando apenas se empezaba a hablar de temas bioéticos, varios periodistas no ocultaban su asombro frente a las maravillas de las biotecnologías, pero, tampoco dejaban de expresar sus perplejidades y temores. Recuerdo uno de esos temores: el riesgo de caer en la mítica ilusión de ‘fabricar’ una nueva humanidad, sin más limitaciones que la inevitabilidad de la muerte; el temor de ir afectando la esencia misma del hombre, en nombre de un falso mesianismo, liberador de todos los males físicos. Éste riesgo, hoy, se ha vuelto más cercano y real que nunca. Si nos dejamos encantar por las sirenas del progreso tecnológico, sin límites éticos, y si abdicamos de la responsbilidad de permanecer fieles al diseño superior y sapiente del Creador, no creo que dejaremos una sana y sabia herencia a las generaciones futuras, en términos de un mundo más vivible y de una realidad humana más justa e igualitaria. El “mundo feliz”, soñado por Husley, no es viable sin el potenciamiento de todas las dimensiones, que nos definen en cuanto humanos, es decir, las de la inteligencia y del espíritu. El espejismo de la felicidad materializada y hedonizada; las consecuencias de un relativismo ético, que todo deteriora, empezando por el alma humana, no son, por cierto, presagio de un futuro humano mejor, sino más inseguro, conflictivo y destructivo.
Los nudos bioéticos europeos en síntesis.
La pluralidad de interpretaciones y, en el mismo tiempo, la exigencia de una seria discusión y crítica, que permita encontrar un mínimo de puntos en común: este es, hoy, el esfuerzo de la bioética. La puesta en común, de los comités éticos nacionales de Europa, constituye un paso más en esta dirección. Es lo que emergió, los días 28-29 de febrero, en Lubiana (Eslovenia), en presencia del “Grupo por la ética y el derecho de las ciencias y de las nuevas tecnologías” (EGE), y del “Consejo de Europa”. Cada seis meses, en el país de la presidencia comunitaria, se lleva a cabo este tipo de encuentro. Sin duda, un importante momento de intercambio de informaciones, experiencias y discusiones, acerca de los problemas bioéticos ‘emergentes’. En esta ocasión, han sido cinco los temas tratados:
1. La produción de alimentos, derivados de animales clonados.
2. El “doble uso” de las nuevas tecnologías.
3. La búsqueda responsable en el ámbito de las “nanotecnologías”.
4. El derecho de tutela de la salud en una sociedad orientada al mercado.
5. El deber de asistencia en el ámbito de la enfermedad terminal.
Los 5 temas tratados.
1. ‘La cuestión de la clonación de animales y de la producción de alimentos’ ha sido discutida partiendo de una opinión del ‘Grupo Europeo de Ética’. La clonación animal es ya una práctica difusa y, ahora, se está valorando la posibilidad de permitir la introducción, en el mercado, de alimentos producidos de animales clonados. La principal procupación, que hay que respetar, es ‘la seguridad’ de estos productos para el hombre. También, habrá que tutelar el bienestar de los animales evitando, dentro de lo posible, crueldades contra ellos y cuidando la biodiversidad, o sea, el impacto con el ambiente y la herencia genética, desde luego, en el ámbito de las especies animales. Por estas razones, el grupo Ege avanza dudas acerca de la justificación ética del uso de animales clonados para la produción de alimentos, por no considerar convincentes las argumentaciones en su favor. Sin embargo, en el caso de su aceptación, se pedirían, como condiciones irrenunciables, la ‘documentación’ acerca de los animales, para que sean siempre identificables, además de ‘la etiqueta’ donde se declare el origen del producto. A todos, pues, se les exige responsabilidad en el ámbito de la producción de animales clonados y participación social en la evaluación del fenómeno, para constatar qué problemas se están generando, en la sociedad y en el ambiente.
2. El segundo tema se refiere al “doble uso” de ‘las biotecnologías y, en especial, a las manipulaciones genéticas, las ciencias cognitivas, las neuro-ciencias, las nanotecnologías y las tecnologías informáticas’. Principalmente acerca de su doble uso: terapéutico o alterativo. Todo eso, con el objetivo de transformar al hombre, para realizar su potenciamiento, “enhancement”, y su perfeccionamiento, orientados a mejorar las cualidades físicas, intelectivas y emocionales; a aumentar la vida y a mejorarla cualitativamente. Se define ‘enhancement’ cada intento, temporal o permanente, finalizado a superar las características constitutivas del cuerpo humano, consideradas “limitantes”, mediante el uso de las tecnologías que seleccionan características físicas y capacidades mentales. Se trataría, por cierto, de un nuevo y revolucionario uso de la medicina, respecto a las finalidades tradicionales: no solamente para sanar enfermedades, sino también para mejorar la condición humana, más allá de la finalidad terapéutica (beyond therapy). Éste parece ser el lema de la orientación actual de la bioética superando, así, la tradicional condición de “normalidad humana”. Se inicia, en efecto, a hablar de “post-humanismo” o de “trans-humanismo”, en un intento de superación de lo “humano”. Se podría, por ejemplo, usar medicinas genéticas, en el deporte, para potenciar rendimientos, capacidades intelectivas de aprendizaje, de memorización, intuición, creatividad y, ¿por qué no? también emocionales, interviniendo, neurológicamente, sobre las áreas cerebrales, en las que se localizan los sentimientos.
Este nuevo panorama plantea muchos problemas éticos y legales. Los más liberales, consideran que la búsqueda debe ser promovida, dejándola al derecho de elección de cada quien. Para ellos, sólo el individuo es quien decide si usar, o no, estas tecnologías “mejorativas”. Los moderados, de su parte, son sí favorables al uso de las biotecnologías, pero, hasta que no produzcan consecuencias negativas a nivel social. Para otros: lo malo consistiría en el incremento de la injusticia social. En efecto, todo esto aumentaría el abismo existente entre enfermos y discapacitados, de un lado, y, de otro lado, aquellos quienes, ya en plena salud, podrían mejorar, aún más, sus condiciones físicas, intelectuales y emocionales. Otros más, juzgan mal, en sí, que se oriente la búsqueda científica en ámbitos no terapéuticos, porque puede influir, negativamente, sobre el hombre y la sociedad, conduciendo arbitrariamente hacia el eugenismo y el “perfeccionismo”, o sea, hacia una discriminación siempre más fuerte entre “mejores” y “peores”; hacia una sociedad siempre más competitiva y, menos disponible, para acoger la disabilidad y la debilidad.
3. Relacionado al “enhancement” es la cuestión de las “nanotecnologías”. Se trata de un ámbito de la búsqueda científica y de la aplicación tecnológica, acerca de la posibilidad de intervención técnica microscópica, con resultados ininmaginables. Intervenciones que consentirían la producción de partículas infinitesimales y nanomateriales, introducibles e implantables en el cuerpo, con la finalidad de sustituir pequeñas partes, de almacenar una altísima densidad de datos y desarrollar funciones predeterminadas. Dispositivos implantables en el cuerpo para diagnosticar precózmente enfermedades y mejorar la biocompatibilidad en el caso de trasplantes de órganos. También, se utilizarían en el ámbito de la información y comunicación; en el ámbito alimenticio, energético, ambiental y de seguridad. En este sector, desde hace tiempo, se discute sobre la necesidad de una “búsqueda responsable”. Por lo que se refiere a las nanotecnologías, en efecto, se pueden presentar ventajas y también riesgos, sea para el hombre que para el ambiente. Urge, desde luego, mayor reflexión bioética y prudencia. No a caso, la ‘Comisión Europea’ ha elaborado, ya, acerca de estos temas, un “código de conducta sobre la búsqueda de las nanociencias y el uso de las nanotecnologías”, con el fin de facilitar el diálogo, entre ciencias y sociedad, evitando sensacionalismos, temores sin fundamentos y, al mismo tiempo, poderse beneficiar de los recientes descubrimientos.
4. El cuarto argumento tratado es ‘el derecho a la tutela de la salud en una sociedad orientada al mercado’. Se trata de un tema de mucho interés para todo el mundo globalizado, donde, en el ámbito sanitario, se hace siempre más evidente la desigualdad entre países avanzados y en via de desarrollo. La bioética, nacida en Occidente, o sea, en el área cultural que ha visto el más rapido desarrollo de la ciencia y tecnología, y que se está desarrollando también en los demás países del planeta, es, hoy, un fenómeno mundial. Sin embargo, cada cultura presenta problemáticas bioéticas específicas, proporcionadas al desarrollo de su ciencia y tecnología y a su contexto social, cultural, político, económico, ético, jurídico y religioso. A los países occidentales se pide de no ocuparse sólo de sus propios problemas, provocados por el progreso científico y tecnológico. En efecto, deberían asumir el compromiso de ayudar a los países en desarrollo, en la solución de los retos, de hambre y pobreza extrema, que los caracterizan. En este sentido, el concepto de salud debería dilatarse a dimensión global, garantizando el acceso a la salud básica para todos, con mayor equidad e igualdad.
La tendencia actual, de la sociedad occidental de mercado, hacia la “economicización” de la salud, la maximización de los beneficios y la minimización de los costos, nos hace correr el riesgo de olvidar la fragilidad de los pobres, excluir a quien tiene necesidad y disminuir la coesión social. Es deseable, por lo tanto, una mayor cooperación sanitaria global sobre bases solidarias e humanitarias.
5. El último tema es el ‘deber de asistencia en el ámbito de la enfermedad terminal’. La cuestión de elegir si curar, continuar las curas, o no curar, frente a una situación de enfermedad extrema, pone grandes interrogantes de orden bioético. Se trata de definir esa línea sutil de confin entre el “deber terapéutico”, o sea, la obligación ética de intervenir con fines terapéuticos, y el “ensañamiento terapéutico”, o sea, el intento inútil y desproporcionado de detener artificialmente la muerte ya inminente. Urge, en efecto, establecer cuándo la suspensión de las terapias sea un deber ético y deontológico y cuándo un verdadero acto eutanásico, entendido como anticipación de la muerte natural, con la finalidad de reducir el dolor. Es un tema complejo que involucra a los enfermos, las familias y el personal sanitario, y que produce implicaciones éticas y jurídicas para todos. Hoy, las posiciones bioéticas no son uniformes: algunos consideran ‘deber moral’ respetar la voluntad del enfermo; otros, afirman que los enfermos nunca deben ser abandonados terapéuticamente, porque toda condición existencial de la vida humana, aún sufriente, merece atención. Más unanimidad se logra respecto de las ‘curas paliativas’ para reducir el dolor, siempre y cuando, no se utilicen, intencionalmente, para accelerar la muerte; siempre y cuando no sean entendidas como una sedación “profunda y terminal”, cuya intención principal es la de anticipar la muerte; una una especie de “eutanasia oculta”.
Conclusión.
Imagino que los avances científicos y las conquistas biotecnológicas señaladas habrán provocados, en los lectores, reacciones diversificadas y sentimientos encontrados. Las perspectivas de alimentarnos con alimentos de animales clonados o genéticamente alterados; de poder usar de la técnica también para modificar nuestra identidad; de recurrir al mundo de las nanotecnologías para alcanzar esa perfección que la naturaleza nos ha negado; de armar una economía más generosa y justa hacia aquellos que el Occidente ha explotado y la posibilidad de morir, cuando queramos y sin sufrimiento, son indudablemente atractivas, pero también engañosas y cuestionables. La biotecnología progresa rápidamente y alimenta sueños y esperanzas. Pero ¿será éste el camino correcto? O ¿no habrá que envolver estas maravillas también de moralidad? ¡No todo lo que es técnicamente posible debe serlo también moralmente! Y fíjense que no expreso estas dudas y desconciertos en nombre de una postura moral impuesta. Me apego, más bien, a las indicaciones de mi razón, conciencia y corazón. Tú ¿Qué piensas?
Umberto M. Marsich m.x. / umbertomarsich@hotmail.com