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Providencialmente, hace algunos meses, se exhibió, en el museo S. Carlos de la Ciudad de México, la hermosísima pintura de la “Virgen de la Pera” (año 1347) del pintor italiano Paolo Veneciano. La obra venía acompañada de una réplica, en ‘bajorrelieve’, para que los invidentes pudieran tocarla y ‘verla’. El detalle llamó mucho la atención. En efecto, el director de la organización ‘Contacto Braille’ de México, Jorge Pulido, manifestó el deseo de poder tener una imagen similar también de la Virgen de Guadalupe. Bien: el sueño se está haciendo realidad.
Por iniciativa del artista italiano Franco Faranda y por el entusiasmo del Director de la Casa de la Cultura de Italia en México doctor Marco Bellingeri, la Embajada de Italia y el corporativo italiano ‘Pelliconi Group’ donarán a México, a los mexicanos y a la Arquidiócesis de la Ciudad de México, la escultura tridimensional de la Guadalupana, para que los invidentes, que peregrinan a la basílica, tocándola, puedan construirse una imagen mental del sagrado ayate y “verla”.
De esta manera, la hermana República de Italia quiere participar a las magnas celebraciones mexicanas del 200 Aniversario de la Independencia y 100 de la Revolución y entiende acercarse a aquellos hermanos cuya invidencia no les permite disfrutar, en plenitud, de la presencia de María de Guadalupe.
La pertinencia de la donación se debe a esa presencia, misteriosa y providencial, de la Virgen de Guadalupe, en todos los grandes acontecimientos históricos de la nación mexicana. El evento guadalupano, en efecto, marca la aurora de una etapa totalmente inédita de la formación histórica de México y del proceso de evangelización. La devoción mariana, que había perdido su significado original y su fuerza liberadora, gracias a la canonización de San Juan Diego, ha recobrado, hoy, vitalidad y vigor. Es en el Tepeyac donde se vive la primera etapa de ese proceso que llevará al pueblo de México hacia su progresiva liberación y, al indio, hacia su dignificación. El término náhuatl “tlatlachipaua”, en efecto, presente en el relato guadalupano del “Nica mopuha”, indica el amanecer de una nueva sociedad, donde el indio recupera su dignidad, libertad y subjetividad histórica.
La opción de María por el pobre indio no fue, de hecho, casual. Se trata de una elección en línea con los relatos bíblicos de la elección, por parte de Dios, de Israel, en aquel entonces la realidad sociológicamente más oprimida, para constituir un pueblo. Entre Dios y el pueblo, en ese 12 de diciembre de 1531, se situó prodigiosamente el corazón materno de María. El evento guadalupano, como los acontecimientos bíblicos del Éxodo, fomentó una gran esperanza: los indígenas mexicanos, desposeídos de sus tierras, oprimidos por el poder, humillados en su dignidad y reducidos a ‘nulidad social’, volverían a recuperar sentido y a soñar tierra y paz como la del pequeño Tepeyac, “paraíso de flores y cantos”. Es en el lugar del antiguo ‘teocalli’ donde, simbólicamente, las historias se concentran y arrancan hacia nuevas metas. Pasado y futuro, cielo y tierra, muerte y vida se entrecruzan en los ‘cantos de pájaros’ y ‘perfumes de flores’. Por la mediación de María, en el mismo lugar, entonces y ahora, se mueve, a favor de México, el amor ‘materno’ de Dios. En la periferia social del mundo, la “Tonantzin” cristiana pide su templo y fija su demora; en la tilma del indio, imprime su imagen y expresa su deseo de ‘identificación’ con el destino del ‘indio crucificado’ de México. El Dios, que libera al pobre, se revela con el rostro materno de la Madre de Jesús, la Tonantzin María que, a todos, enseña el camino de la vida a seguir.
El evento guadalupano parece ser una “página extemporánea” de Sagrada Escritura donde la Virgen María, con su vestido radiante como el sol, símbolo del Dios-Tonatiuh, quiere unir la teología náhuatl y la cristiana. En el Tepeyac, por cierto, Juan Diego vive el éxtasis de la libertad. La misma que los mexicanos, bajo la protección del estandarte de María de Guadalupe, han buscado y logrado. Los aniversarios de la Independencia y de la Revolución, que estamos celebrando, son pruebas de ello.
Así, como la Virgen dio sentido a sus apariciones, asumiendo en sí y curando las angustias del indio, los creyentes daremos sentido a nuestra fe guadalupana, asumiendo y curando los males de nuestra sociedad. Sólo entonces, las celebraciones de aniversario tendrán sentido y dejarán huellas significativas en la historia de México.
La imagen ‘táctil’ de la Virgen de Guadalupe, bendecida ya por su Santidad Benedicto XVI, se instalará en la basílica el próximo 09 de diciembre, fiesta de S. Juan Diego. Presidirá el evento el cardenal Norberto Ribera a las 12 horas del día. Ayer, 03 de diciembre día mundial de la discapacidad, se presentó la obra a la prensa, y a las televisoras mexicana, con gran satisfacción y asombro por parte de todos los presentes. Es verdaderamente algo de extraordinaria ternura y belleza.
Agradecemos a la Embajada de Italia en México, y a cuantos han participado en la realización de la obra, la donación: signo inequívoco de espíritu altruista y generosidad fraternal.
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