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Los niños observan todo… El impacto mediático de las noticias no les es ajeno y siempre están atentos a su realidad. Una niña de siete años se acercó y me preguntó: “¿Cómo es que ya se pueden casar un hombre y un hombre?”, inmediatamente su carita de interrogación cambia para hacerme una cuestión: “¿Y ahora quién va a ser la mamá?”. 

A esta niña no puedo cambiar sus paradigmas. Ella está creciendo en la familia, su madre y su padre… no podía argumentarle, no obstante su aguda percepción, con las mismas líneas del debate que ahora dividen a la sociedad del Distrito Federal. Y si los protagonistas del debate legislativo se tapan los ojos para ignorar que los niños perciben y analizan lo que sucede, que están atentos y saben que las cosas que ahora se plantean no van por el camino en el que han crecido, pues nuestros “dignos” representantes están en un error. 

El matrimonio entre personas del mismo sexo pretendió ser una conquista de los grupos que luchan por la reivindicación de sus derechos; efectivamente, han sufrido discriminación, desprecio y, en caso extremo, persecución. El artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala que los actos del estado civil de las personas son competencia de las autoridades; al haberse separado los negocios civiles y eclesiásticos, el matrimonio entró en la dimensión secular que, por influencia del Código Napoleónico, llega a nosotros para determinarlo como la unión o consorcio de vida que se realiza entre un hombre y una mujer. No voy a entrar en las disertaciones sobre la quintaesencia jurídica del matrimonio civil que, según el dictamen de las Comisiones Unidas de Administración y Procuración de Justicia de Derechos Humanos y de Equidad y Género de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que analizó las reformas al Código Civil y de Procedimientos Civiles, ahora tiene una “evolución” para borrar de un plumazo, el privilegio de la dictadura de la mayoría en la V Asamblea del D.F., la distinción “hombre y mujer” para que sea solamente “personas”. 

Estas consideraciones del dictamen señalado se sentaron sobre el argumento del cual se colgó la fracción del PRD para sustentar estas reformas: la discriminación por preferencias. Basado en los instrumentos internacionales, los diputados ondearon la bandera del fin de los estereotipos y de superioridad e inferioridad entre los sexos fundamentando el dictamen entero.  Hasta el diario La Jornada, por un desplegado del 9 de diciembre de 2009, salió a relucir como “indubitable” respaldo del documento legislativo al señalarlo como un instrumento que sirvió para fundar y motivar este dictamen, lo que hizo arquear las cejas de expertos en derecho parlamentario.  

El dictamen, de conformidad con los acuerdos entre los grupos parlamentarios, dejaba en claro que las parejas homosexuales no podrían adoptar; sin embargo, en el debate del pleno, las argucias y chanchullos de la mayoría traicionaron los pactos para aceptar, entonces, que la adopción fuera tolerada en las uniones civiles gay. 

Es claro que en las uniones de estas personas ya no interesará que entre sí se llamen “marido y mujer” “esposo y esposa” o “padre y madre”, para ellos es una cosa secundaria que, aunque les desagrade, no se puede dejar a un lado tan fácilmente. Que entre dos personas del mismo género se tenga atracción, no quiere decir que dejen de ser hombres y mujeres porque no hay un género neutro. 

Sin embargo, lo preocupante fue este aplastante mayoriteo perredista que demostró que lo único que le interesa es abonar a su terreno para ganar un crédito del cual ya no gozan. El honorable recinto de la Asamblea del D.F, se convirtió en un Cotton Club mafioso y de “agandalle” que traicionó los acuerdos para cobrarse a lo chino y meter el tema de las adopciones, dejando en claro una cosa: el Partido de la Revolución Democrática aprovechó y manipuló para demostrar que “ellos sí pueden”, “que ellos, a pesar de los embates de la derecha, tenían que ganar a como fuera lugar”, “que el fin justifica los medios y no importan a quien se dañe”.  

El debate sobre la adopción pasó a ser la demostración de una fuerza política en la Asamblea  del DF que trae en su médula el pasado absolutista del cual se desprendió y quedó claro que quiere satisfacer a las minorías homosexuales, ofreciéndoles lo que no se puede conseguir tan fácilmente. Como en el aborto, la vergonzosa izquierda que representa ese partido, envileció a los que no pueden opinar, a los menores, a los niños y niñas que son la presa para satisfacer el hambre de esos grupúsculos políticos que creen haber ganado causas nobles; como en el aborto, cuando el PRD quiso proteger los derechos derivados de las mujeres, aplastando y envileciendo al más esencial y fundamental, el de la vida, ahora quiere arrobarse en la victoria pírrica que demuestra que no le interesa la tutela de la niñez, al valerse de un sistema de adopciones que está paralizado y del cual se necesitan hacer reformas urgentes.  

Los diputados del PRD se sienten invencibles al haber declarado que el “Distrito Federal es el oasis” en medio de los mares del conservadurismo…, en realidad, el Distrito Federal es el lugar donde existe un pantano legislativo que tiene en su Asamblea una mayoría política que se vale de los gritos, del porrismo y de las tribus, en lugar de privilegiar el análisis, el debate y la reflexión en torno a un tema tan complicado y urgente como el de la adopción. 

Esa niña me preguntó quién será la mamá… No pude responderle lo que del fondo emerge… Que los contradictorios e incoherentes diputados del Partido de la Revolución Democrática usan a la niñez como una cosa que se puede dar sin mayor problema al mejor postor. 

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