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El 21 de diciembre del 2009 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó por mayoría la reforma al art. 146 del Código Penal del DF, modificando la definición de matrimonio, con lo que se legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo. El dictamen incluía una adición al art. 391 en la que se excluía la adopción cuando se trata de parejas del mismo sexo. Este candado fue suprimido en la votación final, por lo que también se legalizó la adopción por parejas del mismo sexo.
El debate en México hasta ahora se ha vuelto muy ríspido y se espera que aún se vuelva más. Se podría decir que hay una guerra declarada entre algunas Iglesias, encabezadas por la Iglesia católica, y el PRD, cuyos diputados en la Asamblea Legislativa presentaron y aprobaron la iniciativa de ley junto con otros partidos.
El error, desde mi punto de vista, está en que no hubo previamente ningún debate serio sobre el tema ni se conocen bien a bien las razones por las que unos y otros aprueban o rechazan esta ley. Es por otra parte natural, que tratándose de un tema relacionado con la homosexualidad o lesbianismo, se desaten las pasiones y la discusión sea a base de descalificaciones e insultos. Por eso me parece urgente que haya un poco de civilidad y respeto entre ambas partes y se analicen en forma serena y a fondo las razones que se aducen para justificar las diferentes posiciones.
Existen razones no sólo de orden científico, filosófico, antropológico y obviamente también teológico o religioso, que deben ser conocidas y analizadas. No pretendo yo ser juez en esta causa ni tampoco otro francotirador, sino alguien a quien le interesa participar en el debate.
Las personas que aprueban que se permitan por la ley civil los matrimonios de parejas del mismo sexo, aducen como argumentos, entre otros, los siguientes:
1 La orientación sexual es algo innato, de origen genético, que no se puede cambiar. “Los homosexuales nacen así”, “Si eres gay siempre serás gay”, “Los homosexuales no pueden cambiar”, “El 10% de la población es homosexual”». Cada vez hay más homosexuales. Se trata de un factor genético con el que nace la persona”.
2 Es injusto y discriminatorio negar a las parejas del mismo sexo el acceso al matrimonio y sus correspondientes beneficios, derechos y privilegios. La legalización de las uniones entre personas del mismo sexo, que otorga a las parejas homosexuales idénticos derechos y les permite adoptar en igualdad de condiciones que las parejas heterosexuales, viene finalmente a terminar con una grave injusticia y discriminación que se venían cometiendo al prohibirlas.
3 No cabe duda que ha habido profundos cambios culturales en la sociedad actual, tanto en el conocimiento y la comprensión de la sexualidad humana, como en el rol del hombre y la mujer: por consiguiente también en los modelos sociales respecto al matrimonio y la familia. No se puede desconocer esta realidad.
4 Tanto la mentalidad actual como las mismas leyes reconocen la igualdad de género y por consiguiente la aceptación social de la condición y conducta de personas que tienen o han elegido su orientación y preferencias sexuales hacia personas del mismo sexo. Afortunadamente el “movimiento gay” ha logrado “sacar del closet” a los homosexuales y ha puesto de manifiesto los prejuicios y la discriminación sexual de la que han sido víctimas.
5 La Iglesia católica debe abrirse a los cambios y dejar de ser tan conservadora e intransigente. Por eso está perdiendo tantos feligreses. Ni la biblia ni los documentos de la Iglesia hablan directamente del homosexualismo. La Iglesia católica sólo ha abordado el tema en décadas recientes. Otras Iglesias reconocen y aceptan incluso como ministros (obispos) a homosexuales y lesbianas.
6 Las leyes son necesarias para proteger el orden social y garantizar el pleno ejercicio de los derechos de toda persona. Las personas con diferente orientación sexual tienen derecho a la protección de la ley. La discriminación basada en la orientación sexual es una violación a los DDHH: no es un delito, no es una enfermedad, no es producto de la inmadurez emocional, es una opción libre de la persona y es su derecho a decidir sobre su cuerpo y su vida sexual. ¿En qué me perjudica que las parejas del mismo sexo se casen ante la ley civil?
7 ¿Porqué no aceptamos que cada quien viva como quiere? ¿Por qué la Iglesia católica quiere imponer su moral y sus dogmas a todos? México es un estado laico. Las iglesias no tienen que intervenir en las políticas públicas y deben limitarse a los asuntos morales que tiene que ver con la conducta individual de los creyentes y pertenecen a la esfera personal y privada. ¡Que los curas se callen!
8 Tanto la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han excluido la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales.
9 La Iglesia con su campaña en contra de los “matrimonios gays” lo único que está provocando es el odio y la homofobia agresiva que puede incluso desatar crímenes y violencia contra las personas homosexuales.
Hasta aquí creo haber expuesto con toda honestidad las razones que generalmente se aducen para justificar la legalización de los así llamados “matrimonios gays” en los pocos países en los que se ha dado.
Trataré de exponer ahora los argumentos y razones que tienen las personas que desaprueban y rechazan los matrimonios entre parejas del mismo sexo y la adopción de niños por dichas parejas.
A De entrada parece extraño el afán de legislar sobre un asunto que no responde a las más inmediatas necesidades y expectativas de los ciudadanos, habiendo tantos otros temas pendientes de una legislación más acorde a las necesidades de la gente.
B Las convicciones aquí expresadas se fundan en razonamientos de sentido común y recurriendo a lo que llamaríamos “ley natural”, sin recurrir a razonamientos de carácter religioso.
C El matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer no es simplemente una costumbre o un modelo o paradigma social que dependa de las distintas culturas, lugares o épocas. Tampoco es solamente un rito religioso que haya sido establecido e impuesto por creencias religiosas. Es una institución de orden natural que responde a la necesidad de la complementariedad sexual y que ha existido en todas las culturas, pueblos y en todas las épocas de la historia universal, desde tiempo inmemorial. No es un invento ni del Estado ni de las religiones. Es una necesidad para la realización personal de la pareja hombre-mujer, para su complementación y para la conservación y propagación de la especie humana.
D El matrimonio entre hombre y mujer es la única forma de establecer una familia, célula básica de la sociedad. La familia es el santuario de la vida: donde se trasmite la vida y donde los seres humanos pueden encontrar su pleno desarrollo. La familia es el ambiente natural donde las personas van a crecer y a adquirir los valores humanos que los capaciten para las relaciones interpersonales y para vivir en sociedad. Es en la familia donde se aprende a reconocer y respetar la dignidad de cada persona, sus derechos y obligaciones, el sentido del trabajo, donde se aprende a expresar el amor fraterno, a vivir en la verdad, a practicar la justicia, la responsabilidad, el sentido de servicio, del trabajo, de la solidaridad etc.
E El matrimonio responde a la aspiración profunda del ser humano de amar y ser amado, de entregarse y de realizar el anhelo de la paternidad y la maternidad propio del hombre y la mujer.
F La Iglesia católica, su jerarquía y los fieles laicos católicos, siempre han reconocido el matrimonio como un designio amoroso de Dios que ha hecho al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza y les ha participado de su poder creador para trasmitir el don de la vida.
G Para los creyentes cristianos el matrimonio ante la Iglesia tiene además el valor de un sacramento, instituido por Cristo, es decir, un signo de la gracia de Cristo, entendido como el compromiso de una pareja, hombre y mujer, de consagrarse y pertenecerse el uno al otro para toda la vida, estableciendo una comunidad de vida que les permita complementarse y encontrar el uno en el otro la ayuda mutua y les permita su autorrealización personal, llegando así a ser plenamente felices.
H El rito sacramental es símbolo del amor de Dios, del amor con que Dios ama a cada uno de los contrayentes y del amor que Dios pone en sus corazones para que se amen como Dios los ama a ellos, con un amor fiel, perseverante y fecundo. Sin embargo, este carácter del matrimonio sólo tiene sentido para quienes son creyentes cristianos.
I “A pesar de las fuertes presiones del lobby gay en todo el mundo, las relaciones sexuales homosexuales nunca serán iguales ni comparables a las relaciones sexuales heterosexuales, porque entre otras cosas y por su propia naturaleza, siempre carecerán de la capacidad de engendrar una nueva vida, elemento fundamental de lo que en toda la historia de la humanidad y en todas las culturas, orientales u occidentales, cristianas o no, ha sido el germen y cimiento del matrimonio y de la familia.”
J La Iglesia católica inculca a los fieles que se debe reconocer y respetar a las personas homosexuales y de ninguna manera discriminarlas. Sin embargo, pretender modificar la definición del matrimonio para favorecer a las personas de orientación homosexual se funda en una falsa interpretación de la igualdad fundamental (igualdad de género) entre las personas, de la dignidad humana y de los derechos de las minorías.
K El papel que el padre y la madre ejercen en el desarrollo afectivo, psicológico y sexual del niño es insustituible. Es cierto que una pareja del mismo sexo puede brindar amor a un niño adoptado, como las parejas heterosexuales, y que estos niños van a estar bajo la influencia de los mismos programas de televisión, los mismos juegos, los mismos deportes y el mismo ambiente exterior que los hijos de las parejas heterosexuales. Pero finalmente no es el ambiente ideal porque van a carecer del modelo paterno o materno con el que van a perfilar su identidad psicosexual. Tampoco parece razonable otorgar el derecho de adoptar a parejas que claramente han rechazado la procreación de los hijos ni que la ley autorice a dar niños en adopción sólo para satisfacción de la pareja.
L Es obvio que existe a nivel internacional de parte de los partidos de izquierda un proyecto planificado para promover y difundir la cultura homosexual, bajo el pretexto de defender y proteger los derechos de las “minorías” y combatir los tabúes y prejuicios discriminatorios.
La población homosexual como minoría sexual, se define como un grupo de hombres y mujeres que por sus actitudes, comportamientos o prácticas, en razón del sujeto - objeto de su sexualidad, asumen conductas diferentes al resto de la sociedad, y que con base en tales diferencias son sujetos de exclusión y discriminación. Por ende, son sujetos que reivindican sus derechos dado que no tienen la posibilidad de ejercicio pleno de ciudadanía.
M Las leyes se establecen para asegurar el bien común. No se deben hacer leyes para beneficio de unos cuantos ni tampoco solamente para obtener beneficios políticos o ganar simpatías y votos como parece ser el caso. En México ya se habían legalizado igualmente por la Asamblea Legislativa del DF, el 9 de noviembre del 2006, las así llamadas “Sociedades de convivencia”; dicha ley entraría en vigor en marzo del 2007.
En esta ley ya se protegían los derechos de las parejas del mismo sexo que decidieran vivir de manera estable, estableciendo entre ellos/as un vínculo jurídico de ayuda y cooperación común que les permitía gozar de los beneficios de la seguridad social (atención médica y pensión por viudez) así como derecho a heredar bienes en caso de fallecimiento. Pero era obvio que este sólo era un primer paso que abriera las puertas a un abierto equiparamiento con el matrimonio civil de parejas de distinto sexo.
N A este respecto es necesario aclarar que en algún caso, concretamente en España, la posición de la jerarquía católica fue en el sentido de aceptar que se reconociera el derecho de cualquier pareja a “convivir” y gozar de la protección mediante un ordenamiento jurídico, pero siempre hubo un rechazo y una oposición firme a que se equiparen dichas uniones al matrimonio. Precisamente porque no se puede tratar en la ley como igual lo que es diferente. Paradójicamente en este caso se estaría cometiendo una discriminación en sentido contrario, en relación a los matrimonios de parejas heterosexuales.
O Cabe añadir que en estricto sentido no se puede hablar de que las parejas del mismo sexo tengan derecho al matrimonio, que es algo completamente distinto a las uniones de parejas del mismo sexo. Ni existe por tanto ninguna discriminación. Esto, como ya se ha dicho, independientemente de ideologías y creencias religiosas de cualquier tipo. Implícitamente, aún en la misma opinión pública, se está reconociendo la diferencia entre ambos casos, desde el momento en que se habla de “matrimonios gays” o “matrimonios homosexuales” a diferencia de los matrimonios “a secas”, por considerarlos realidades diferentes.
P Está claro que para la Iglesia y los católicos el matrimonio es la unión indisoluble de vida y amor entre un varón y una mujer, abierta a la trasmisión responsable de la vida .y a la educación de los hijos.
Q No es verdad que en la Biblia y en los Concilios y documentos no se condene y prohíba la homosexualidad. Lo que sí es verdad es que los conceptos y el lenguaje tanto de la Biblia como de los documentos de la Iglesia responden a la mentalidad cultural de cada época. En la Biblia se habla de la sodomía como un grave pecado. (Sobre este punto particular hay artículos que pueden leerse en varias páginas de Internet).
El Papa Benedicto XVI, dirigiéndose a toda la Iglesia católica en Italia, decía:
“Es preciso afrontar -señala el Papa- con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social”. (Benedicto XVI, Discurso al IV Congreso Nacional de la Iglesia en Italia, Verona, 19 de octubre de 2006).
Hoy, 11 de enero del 2010, en su Discurso al Cuerpo Diplomático, acreditado ante la Santa Sede, haciendo una reflexión sobre la crisis ecológica que sufre el mundo, se ha referido a la responsabilidad de los seres humanos respecto a la protección del medio ambiente y ha dicho:
“Señoras y Señores Embajadores, hasta aquí he evocado solamente algunos aspectos relacionados con el problema del medio ambiente. Las raíces de la situación que está a la vista de todos son, sin embargo, de tipo moral y la cuestión tiene que ser afrontada en el marco de un gran esfuerzo educativo, con el fin de promover un cambio efectivo de la mentalidad y establecer nuevos modelos de vida. La comunidad de los creyentes puede y quiere participar en ello, pero para hacerlo es necesario que se reconozca su papel público. Lamentablemente, en ciertos países, sobre todo occidentales, se difunde en ámbitos políticos y culturales, así como en los medios de comunicación social, un sentimiento de escasa consideración y a veces de hostilidad, por no decir de menosprecio, hacia la religión, en particular la religión cristiana. Es evidente que si se considera el relativismo como un elemento constitutivo esencial de la democracia se corre el riesgo de concebir la laicidad sólo en términos de exclusión o, más exactamente, de rechazo de la importancia social del hecho religioso. Dicho planteamiento, sin embargo, crea confrontación y división, hiere la paz, perturba la ecología humana y, rechazando por principio actitudes diferentes a la suya, se convierte en un callejón sin salida. Es urgente, por tanto, definir una laicidad positiva, abierta, y que, fundada en una justa autonomía del orden temporal y del orden espiritual, favorezca una sana colaboración y un espíritu de responsabilidad compartida”….
“Continuando con nuestra reflexión, es preciso señalar la complejidad del problema del medio ambiente. Se podría decir que se trata de un prisma con muchas caras. Las criaturas son diferentes unas de otras y, como nos muestra la experiencia cotidiana, se pueden proteger o, por el contrario, poner en peligro de muchas maneras. Uno de estos ataques proviene de leyes o proyectos que, en nombre de la lucha contra la discriminación, atentan contra el fundamento biológico de la diferencia entre los sexos. Me refiero, por ejemplo, a países europeos o del continente americano. Como dice San Columbano, «si eliminas la libertad, eliminas la dignidad» (Epist. 4 ad Attela, in S. Columbani Opera, Dublin, 1957, p. 34). Pero la libertad no puede ser absoluta, ya que el hombre no es Dios, sino imagen de Dios, su criatura. Para el hombre, el rumbo a seguir no puede ser fijado por la arbitrariedad o el deseo, sino que debe más bien consistir en la correspondencia con la estructura querida por el Creador.”
Con estas palabras el Papa condena enfáticamente todos aquellos proyectos que legalizan el matrimonio entre personas del mismo sexo porque estas legislaciones “atentan contra el fundamento biológico de la diferencia entre los sexos.
Debo concluir mi exposición sobre este candente y polémico tema, afirmando mis convicciones personales:
> Los obispos de la Iglesia católica respetamos a las personas que no comparten nuestra fe y tienen una visión distinta de la vida y de las realidades humanas. Nos sentimos, sin embargo, con el derecho de expresar nuestras convicciones y exigimos la libertad de proponer libremente nuestra manera de ver las cosas y las enseñanzas de la doctrina católica. Nadie tiene porqué sentirse amenazado o agredido por ello. Nosotros queremos contribuir a conservar los valores morales y al enriquecimiento espiritual del pueblo de México y creemos que debe respetarse su tradición y experiencia histórica, basada en valores religiosos cristianos.
Nos parece muy poco razonable pretender que la sociedad mexicana renuncie a sus creencias religiosas con el pretexto de que México es un estado laico. No se puede confundir la laicidad o aconfesionalidad del Estado con una desvinculación en las políticas públicas de un orden moral, objetivo, fundado en la recta razón y en la idiosincrasia de cada pueblo.
Es obvio que como Obispo considero mi deber manifestar con firmeza mi fe y adhesión al magisterio de la Iglesia.
* Obispo Auxiliar Emérito de México.
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