Año tras año pasa lo mismo al llegar las “vacaciones” de la Semana Mayor. La gente no para, corre con frenesí. Quisiera detener el tiempo, pero éste sigue su marcha, no se detiene ante nada. Sólo el hombre es capaz de analizar el tiempo y la eternidad en relación consigo mismo y con todo lo que le rodea. La Semana Santa te brinda esta oportunidad, la de hacer un alto en tu carrera vertiginosa hacia metas engañosas, porque cuando las consigues, se te esfuman rápidamente de las manos, precisamente porque las solemos moverse solamente dentro de nuestra temporalidad sin ninguna relación a nuestra eternidad.
Hoy te invito a plantearte las siguientes reflexiones:
1ª) ¿Crees en ti mismo? Si tu respuesta es afirmativa, entonces debieras creer en Dios como tu Creador, porque de otra manera tu no existirías.
2ª) ¿Te consideras un hombre o mujer íntegro/a contigo mismo. Con los demás, con Dios? Si dices que sí, piensa si acaso estás equivocado, porque si no es así, que es lo correcto porque todos somos pecadores, entonces necesitamos de alguien que nos perdone nuestros errores y nuestros pecados, y Este Alguien es Jesús, Quien dio su vida en la cruz por todos nosotros.
3ª) ¿Piensas que por saber mucho y/o tener mucho dinero no necesitas ni de Dios como Creador, ni de Jesucristo, como Hijo de Dios y Salvador de todos los hombres? Si así fuera, hay que tener mucho cuidado porque el mundo, separado de Dios, nos deslumbra; la “carne” nos esclaviza con todo tipo de placeres desordenados; y el demonio nos engaña, por ser el Padre de la mentira.
Para no caer en estas trampas, en estas tentaciones, sigamos el ejemplo de Cristo, quien venció a estos tres enemigos de las creaturas e hijos de Dios: el mundo, el demonio y la carne.
Para poder defendernos de ellos, requerimos hacer oración y estar dispuestos siempre a sacrificar nuestros deseos desordenados, para poder resistir y superar a todos estos enemigos. Digamos con el apóstol San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.
* Doctor en filosofía y autor de cinco libros.