UN OBISPO CONTRA EL NEOLIBERALISMO. Por Guillermo Gazanini Espinoza*

El deceso del obispo de los pobres, Samuel Ruiz García, cerró un capítulo fundamental de la historia contemporánea de este país. Ya los medios de comunicación han relatado el papel que el desaparecido prelado, nacido en Guanajuato en 1924, desempeñó por la defensa de los derechos humanos y la reivindicación de las comunidades indígenas marginadas. Su sucesor, Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, resaltó las cualidades del Tatic al haber sido incansable promotor de la justicia social,  de la opción preferencial por los pobres, de la inculturación de la Iglesia, la teología india y la reconciliación entre las comunidades.

Hace siete años, el 25 de enero de 2004, el obispo Ruiz García dirigía una carta sobre el neoliberalismo y sus consecuencias en México y el mundo, particularmente sobre los pobres y a los indígenas.  “Una nueva hora de gracia” invitaba a los cristianos a mirar los signos de los tiempos para peregrinar en este mundo arropados en la esperanza. Como parte del colegio episcopal, a pesar de estar en la condición de emérito, desde la Iglesia y en la Iglesia, sentía la grave responsabilidad de ser la “voz de los pobres”.  Habiendo constatado las tristezas, las angustias, los dolores, las alegrías y las esperanzas del pueblo, demostraba su fe por una etapa nueva de la humanidad. Creía que el neoliberalismo era una oportunidad en la historia; sin embargo, sus aspectos negativos se han ensañando con los pobres y recrudeciéndose, han agudizado la desigualdad económica que profundizó la injusticia.

En lugar del bienestar y la prosperidad, ha prevalecido la frustración, la exclusión y la muerte para la mayoría de los pueblos. La globalización neoliberal, a juicio del emérito de San Cristóbal, tiene en sí las contradicciones que lo conducen  a su muerte irremediable: la explotación del medio ambiente y la disposición abusiva de los recursos naturales; el desplazamiento y la desaparición de la clase trabajadora debido a la automatización; la concentración de los capitales en unas pocas manos, el desequilibrio económico y la ruina de las sociedades en general. Con voz profética anunció el fin de este ídolo neoliberal, echando mano de la estatua de los imperios del Libro del Profeta Daniel, construida sobre pies de barro: “Contra los pies de la estatua, grande, brillante y de aspecto terrible, como aparece este sistema, viene descendiendo ya, desde el monte de la historia, una piedra que la convertirá en polvo que el viento llevará, sin dejar rastro alguno. “El Dios del cielo establecerá un reino que jamás será destruido…” (Cfr. Daniel 2, 31-44). El obispo no duda en decir que el sistema neoliberal imperante es “genocida” al destruir las condiciones de vida y de la dignidad humana amenazando la supervivencia de las generaciones futuras, sofocando las razones de vivir para muchos desposeídos, operando como “un rodillo compresor de los valores, culturas y espiritualidad”.

Las consecuencias nefastas del neoliberalismo pueden ser revertidas por la organización y la capacidad de los pueblos que interpelan a la solidaridad y a la justicia. En México surge “un movimiento de la sociedad civil contra el sistema Neoliberal que viene desarrollando una febril actividad, de reuniones y de actividades coordinadas de creciente envergadura. Por otra parte no puede esconderse la corresponsabilidad política generalizada, en individuos, gremios, sectores, organismos, poblaciones y regiones, que vienen actuando en reclamo y defensa de sus derechos; así como en solidaridad con los que son víctimas de atropellos, padeciendo ellos mismos humillaciones y violencias. La apatía generalizada de la población quedó en el pasado. Existe ahora un potencial esperanzador que se va aglutinando, consciente de su responsabilidad histórica”.

Lejos de situarse en el pesimismo, el obispo habla de una esperanza verdadera que anima a todos los hombres y mujeres a aguardar el día que viene después de la madrugada oscura. Las señales de una toma de conciencia ante los eventos desastrosos del neoliberalismo permiten fincar una esperanza que no está situada en utopías falsas, Don Samuel Ruiz anima a trabajar incansablemente por establecer la justicia para consolidar una paz inalterable y duradera donde la participación de todos haga posible la construcción de otro mundo donde impere el bien común y este nueva forma de ver las cosas anime a creyentes y quienes no lo son a colaborar con Dios en esta Nueva Hora de Gracia para que la humanidad goce de frutos buenos que no estén corrompidos por el egoísmo, la injusticia y la envidia.

Don Samuel Ruiz ha dejado de luchar. Ahora se encuentra en el cielo, gozando de la presencia de Dios y de la verdad de las Bienaventuranzas anunciadas en el Evangelio: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados”. Que su testimonio no sea usado en beneficio de discursos políticos oportunistas, demagogias y populismos. Es el tiempo de ir transitando en una nueva hora de gracia para este México manchado de sangre.

Gracias tatic.

*Secretario del Consejo de Analistas Católicos de México.

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