En los tiempos novohispanos fueron objetos de culto religioso, posteriormente se convirtieron en joyas y tesoros de catedrales e iglesias de México, luego en botín de reformistas o revolucionarios, ahora son usados por los criminales como objeto de cambio por drogas o armas.
Estoy hablando del arte sacro, durante los últimos años este tipo de obras ha sido, por valor, uno de los preferidos por los criminales de nuestro país, sólo después del narcotráfico, la venta ilegal de armas y la trata de personas.
El crimen organizado obtiene ganancias anuales por más de seis mil millones de dólares por el robo de arte, de acuerdo con datos en el mundo de la Interpol, y según información proporcionada por funcionarios de la Procuraduría General de la República (PGR) es una de las actividades más lucrativas en México.
Tuve la oportunidad, el año pasado, de entrevistar para el periódico Excélsior al investigador Noah Charney, fundador de la red contra robo de arte Association for Research into Crimes against Art (ARCA) quien me aseguró que a nivel internacional las instituciones de seguridad prestan poca atención a los delitos relacionados con el arte debido a la falta de información ya que la sociedad, los gobiernos y la policía tienen la “falsa idea” de que el crimen de arte sucede de manera poco frecuente, que incluye sólo piezas de los ricos y no es un crimen muy serio
Este tipo de ideas erróneas sobre el robo de arte están generalmente basadas en la ficción y el cine, se requiere de mucho esfuerzo para ayudar a la sociedad a darse cuenta de que este tipo de delitos son serios.
Si son desaprobados los comercios internacionales de drogas y armas, también debe ser detenido el crimen de arte, porque una pintura robada o una tumba saqueada podrían estar ayudando a financiar la venta de armas o drogas.
En nuestro país fue hasta el 15 de diciembre del año pasado cuando la Cámara de Diputados tipificó el robo de arte sacro como delito grave, este dictamen modificó el Código Federal de Procedimientos Penales, la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, para que las asociaciones religiosas y particulares que tengan bajo su custodia monumentos históricos, soliciten al Instituto Nacional de Antropología e Historia la inscripción de los bienes en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos.
El dictamen de la Comisión de Justicia, aprobado por los legisladores sanciona con penas de cinco a 15 años de prisión a quien robe o ilícitamente enajene bienes culturales custodiadas por asociaciones civiles o religiosas.
Los lugares preferidos por los ladrones de arte sacro para hurtar son las iglesias, sitios con poca o nula vigilancia y a los que los delincuentes ingresan y sacrílegamente roban custodias, cálices, copones, estatuas de santos así como pinturas. Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Estado de México, Distrito Federal, Oaxaca y últimamente Jalisco, son las entidades con mayor número de robo de bienes culturales
La próxima semana en este espacio les presentaré el perfil de un ladrón de arte sacro, delincuentes muy sofisticados que tienen amplio conocimiento en técnicas de rapel así como manejo de armas y técnicas de sometimiento.
*Autor: Juan Pablo Reyes Salgado. Periodista, reportero del periódico Excélsior y Grupo Imagen Multimedia. Integrante de Analistas Católicos. (jpreyesmx@gmail.com; @jpressmx)